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TEMAS GENERALES co tenía su justificación en el hecho de que era el de la bandera francesa, patria de origen de la dinastía reinante en España, cuando en realidad fue muy representativo en la Armada con anterioridad al advenimiento de los Borbones por haberlo sido en la de Marina de Castilla. fondo blanco es el del escudo de León y el de las banderas nacionales de los barcos de las escuadras castellanas de los Austrias —véanse los cuadros de Juan de la Corte en el Museo naval de Madrid—. y era el tercer color, además del rojo y el amarillo, de las banderas que, como nos cuenta hugo O’Donnell, identificaban a los galeones de las flotas de Indias. fuera una cosa o fuera la otra, el caso es que era un color muy nacional, al menos por entonces. Ante todo esto, ¿es concebible que un rey de España, una de las más gloriosas y poderosas naciones de la Cristiandad, decidiera cambiar los que identificaban a sus barcos como tales y solo pensara en que debían verse bien?, ¿se pasó al encarnado y amarillo sin tener en cuenta su simbolismo, sin pensar en que los colores elegidos deberían ser al menos igual de representativos de la nación que los que sustituirían? ya sería difícil admitir tal cosa si fuera una acción en un ambiente de aislamiento; pero teniendo en cuenta que por entonces ya la bandera británica, formada con los símbolos nacionales de Inglaterra y Escocia, llevaba identificando a sus barcos desde hacía mucho tiempo, y que aún más antiguo era el uso de la tricolor por la Marina de las provincias unidas de los países Bajos, que incluía inicialmente el color naranja simbolizando el origen de la familia Orange, pilar de su independencia de España, la admisión se hace casi imposible. Casi inmediatamente después de España, cambió también francia su bandera por la que desde entonces la identifica, y que se escogieron para la nueva los colores azul, rojo y blanco que representaban los valores del nuevo régimen que se estaba imponiendo. y aunque ciertamente críptico, como corresponde al carácter íntimo de la nueva nación, la bandera de las recién independizadas colonias de norteamérica también tiene un carácter claramente simbólico. De haber sido puramente funcional la elección de los colores de la nueva enseña española, sería una anomalía tan gigantesca que hay que rechazarla. Las pruebas no existen y el único indicio que tenemos, el Decreto de valdés, no lo dice. Aun con todo lo anterior, si los colores escogidos hubieran sido totalmente ajenos a la tradición española, tendríamos que pensar que su elección fue totalmente funcional. pero el caso es que el rojo y amarillo ya eran más españoles que el amor por el pan, el aceite, el vino y el jamón, y casi huelga la explicación. Digamos simplemente que rojo, y no morado, era el animal que simbolizaba a León; que más rojos y amarillos combinados no pueden ser los emblemas de Aragón y navarra; y que amarillo sobre rojo es el emblema de Castilla, que figura, y con los mismos colores, repetido siete veces en la bordadura del escudo portugués en representación de su progenie, importante para los que, como nosotros, se acuerdan de que portugal fue parte de la idea de España hasta por lo menos 1640. hugo O’Donnell, en la obra ya citada, coincidiendo con esta idea, afir- 2018 491


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