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TEMAS GENERALES Además, señalar de paso que casi con toda seguridad de esa costumbre deriva la expresión «hacerse el sueco», y nos atrevemos a señalar que a valdés, acostumbrado a disfrazarse en situaciones que lo requerían, se le ocurrió que lo mejor ante aquella coyuntura era que el Rey se hiciera el sueco ante francia utilizando como bandera el problema general de su identificación, escamoteando así mejor las verdaderas razones que justificaron el cambio en el diseño de la enseña nacional española en 1785. pudo surgir el disfraz concreto en este caso del hecho de que la que le sirvió de modelo para la nueva, la señera aragonesa, había sido utilizada mucho tiempo atrás en combates a muy corta distancia, ya que sus listas se diferenciaban fácilmente. seguramente comprendió que con la mejora en los alcances de las armas y los instrumentos ópticos de su tiempo necesitaba que, en la distancia, no se mezclaran los colores de las bandas rojas y amarillas en un naranja muy poco representativo, por lo que no solo redujo el número de bandas, sino que hizo más ancha la franja central amarilla, con lo que no deja de ser cierto que en el diseño de la bandera se tuvo en cuenta su identificación «a largas distancias ó con vientos calmosos». Como colofón verdaderamente la tesis que representa lo que hemos expuesto va notablemente en contra de lo que se da por cierto generalmente y que puede ser difícil de aceptar por una mayoría de lectores no versados en el asunto, a pesar de que, como hemos venido indicando por partes, fue expuesta ya por hugo O’Donnell en la obra repetidamente citada, que parece haber sido muy poco leída, probablemente por su voluminoso y ceremonioso formato. Quizá la clave para facilitar su aceptación está en la observación de Enrique garcía Domingo, director del Museo Marítimo de Barcelona, contenida en su artículo «historiografía sobre la Marina en el siglo xx», publicado en el Cuaderno Monográfico número 56 del Instituto de historia y Cultura naval: «... en la historia de las fuerzas Armadas, publicada en cinco volúmenes en 1983, sólo una pequeña parte del segundo volumen está dedicada a toda la historia de la Armada, y es en todo caso una crónica superficial que no incide en el valor de lo naval en el conjunto de la historia de España.» Con tan poca atención no es extraño que a algunos historiadores, militares y civiles, se les haya pasado el detalle de que no fue por casualidad que a la bandera nacional roja y gualda la alumbró como tal la Armada. 2018 501


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