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RUMBO A LA VIDA MARINA En la línea de los deuterostomados, habíamos estudiado el filo de los equinodermos (en la foto de Arturo valledor, estrellas de la costa de Bali) y el filo de los cordados con tres subfilos: ascidias, anfioxo y vertebrados con cinco clases: peces (en la foto del autor, unas morenas), anfibios, reptiles, aves y mamíferos. más humilde pasado, ya que son tan elementales que nos costaba comprender cómo de unas estructuras con tan pocos engranajes internos se podían derivar maquinarias biológicas tan complejas como pueden ser las de un leopardo o la del delantero centro del Betis, por citar algunos ejemplos. pero sí, parece ser que aquellos bichos tan simplones eran nuestros archipámpanos, a pesar de que su plan corporal se nos antojase mucho más primitivo que el de una libélula, y ya no digamos que el de una nécora o el de un bogavante, bichos que hoy vamos a estudiar cambiando de tercio, es decir, centrándonos en la otra vía evolutiva que la ciencia contempla, la de los protostomados, que reúne a aquellos animales cuya boca aparece antes que el ano en su desarrollo embrional y a los que tantas páginas de Rumbo a la vida marina dedicamos al hablar de los moluscos y de los gusanos marinos. pero nos faltaba completarla con el filo de los artrópodos (del griego arthron = articulación, y podo = pie: «los En la rama de los protostomados, habíamos tocado varios filos, como el de los moluscos (caracolas, pulpos...) y el de los anélidos (gusanos anillados), los cuales completamos ahora con el de los artrópodos, que incluye varias clases: insectos, arañas, escorpiones y la muy variada clase de los crustáceos, dentro de la cual se engloban muchos órdenes, aunque hoy solo tocaremos el de los decápodos (formas de gamba y de centollo). (fotos del autor). 504 Octubre


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