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RUMBO A LA VIDA MARINA En la langosta de la foto del autor se observan muy bien los dos tagmas: el cefalotórax, con sus cinco pares de patas andadoras (un par son las quelas), y el abdomen, claramente anillado, donde vemos pleópodos o falsas patas y, a su final, el pseudoanillo llamado telson. par también ejerce de tenazas o de pinzas prensoras, las llamadas quelas. Está claro, ¿verdad? De aquí que estos crustáceos se clasifiquen en el subfilo de los decápodos (los de las 10 patas). y la otra parte restante del langostino, que vulgarmente conocemos como la «cola», que pelamos y de la que nos comemos con deleite su paquete muscular, no es otra cosa que el tagma llamado abdomen o pleon, con el que las langostas, cigalas y otros bichos de tapeo nadan a toda velocidad, saliendo disparados hacia atrás cuando lo despliegan súbitamente. y por último, nos queda un pseudoanillo final del abdomen que consiste en ese abanico caudal de cinco piezas que, ahora sí, es como una cola y que utilizan gambas, camarones y afines nadadores como timón de profundidad. se llama el telson. pero aquí se nos plantea un problema, y bien gordo, y es que con esos dos únicos tagmas los crustáceos no pueden doblar el cuello, y esto, en tierra firme, donde el peligro acecha por todas partes, supondría vivir en capilla y con la sentencia de muerte firmada. problema que los insectos resolvieron añadiendo un tagma más, o sea, estructurando su cuerpo con tres tagmas: cabeza, tórax y abdomen. Luego hablamos de este feliz acontecimiento y de sus efectos, que nos liamos si nos anticipamos. 2018 509


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