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RUMBO A LA VIDA MARINA fósil de meganeura, una libélula del Carbonífero del tamaño de algunas de nuestras actuales águilas. su fase larvaria transcurría en el seno de las aguas, respirando por branquias, para pasar en su etapa adulta a respirar el oxígeno atmosférico por tráqueas, secuencia que se mantiene en las libélulas actuales. (foto: internet). atmosférico. La chapuza no podía ser más simple y original: los insectos abrieron ventanas y puertas para que circulase el aire a través de su cuerpo y lo ventilase, o sea, lo agujerearon como un queso de gruyère (valga el tópico) y montaron un intrincado laberinto de tubos, las tráqueas, que se abren al exterior y se inmiscuyen en la intimidad corporal como si de una tela de araña se tratara, llevando el aire directamente hasta los órganos y lugares más recónditos por medio de una red secundaria de tráqueas cada vez más finas, que se llaman traqueolas. La respiración traqueal sería el asombroso paso intermedio entre dos órganos muy parecidos por su fisiología y cometidos: las branquias, para respirar el oxígeno disuelto en el agua (todos los animales acuáticos las tienen), y los pulmones, que absorben el oxígeno contenido en el aire y, por tanto, reservado a los animales terrestres. y aunque el invento de los pulmones tengamos que buscarlo en la otra vía evolutiva, la de los deuterostomados, no cabe duda de que los insectos y otros varios artrópodos terrestres (escorpiones, arañas, ácaros…) se marcaron la chulería de aprovechar el oxígeno del aire por la vía más rápida y contundente: el contacto directo de este gas con sus tejidos. se trata, por tanto, de un modo de respiración pasiva, aunque solo en parte porque cuando el artrópodo corre o vuela se activa muscularmente el sistema traqueal. Muy ingenioso el asunto. 516 Octubre


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