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además es el máximo que permite la respiración traqueal. y es que, a medida que los insectos, arañas y escorpiones se hacían más grandes gracias al generoso cupo de oxígeno existente en el aire, necesitaban más tráqueas y traqueolas en el interior de su cuerpo para que este gas llegase a la intimidad de sus tejidos y órganos. pero se presentó el momento en el que el enrevesado sistema traqueal competía por el espacio corporal interno con los propios órganos del insecto y afines, y donde se necesitaban tantas tráqueas no quedaba sitio para el sistema nervioso y el aparato digestivo y se imponía definitivamente estandarizar los tamaños de todos los artrópodos para que no fueran ni más grandes ni más pequeños que lo que permitiese el equilibrio entre su funcionamiento interno y el volumen de la intrincada red traqueal que lo invadía. Además, el lento tránsito de la evolución fue resolviendo todos estos problemas: desde el alto porcentaje del 35 por 100 de oxígeno en el Carbonífero (en el que nosotros no hubiéramos podido vivir) se pasó al 23 por 100 en el pérmico, una oxigenación del aire muy parecida a la actual. En esta atmósfera los artrópodos traqueales no podían crecer más y, como paralelamente habían irrumpido en la tierra los vertebrados anfibios y los reptiles, los insectos más grandes fueron desapareciendo como presas más cotizadas por estos depredadores, manteniéndose, selectivamente, los más pequeños de cada especie. podemos terminar el capítulo de hoy de Rumbo a la vida marina con el siguiente resumen: los crustáceos con sus branquias, valientes exploradores de lo seco, nunca dejaron de pertenecer al agua; y el resto de los artrópodos, con la feliz chapuza de las tráqueas, lograron un gran éxito parcial en la conquista de la tierra, hasta el extremo de que ya no queda ninguno en la mar y que insectos los tenemos hasta en la sopa, pero con la condena de su obligada pequeñez y con el patético designio de servir de comida a los animales pulmonados, que de verdad son quienes mandan por su situación en la pirámide trófica de la Tierra. Además, qué carallo, que una jirafa llena de tráqueas, traqueolas, agujeros y tubos en su interior nunca podría haber sido digna tataranieta de la mar. y punto. RUMBO A LA VIDA MARINA 2018 519


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