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desde las primeras fases del planteamiento permitirá reducir la brecha existente entre las expectativas y la realidad, mejorando con ello la sostenibilidad futura de la defensa. − Para optimizar la gestión de los recursos humanos, cada ciclo incorporará un estudio detallado de las necesidades de personal a largo plazo, sus implicaciones a medio plazo, sus costes a corto plazo y un análisis sobre su adecuación a las medidas y propuestas derivadas de las necesidades de capacidad. Aunque todavía no puede valorarse el nuevo proceso codificado en la OM 60/2015, puesto que el actual ciclo –condicionado este por unos escenarios presupuestarios poco realistas y un plan de modernización heredado del pasado– se dilatará hasta 2022. No obstante, los ciclos realizados al amparo de la OM 37/2005 entre 2005 y 2015 permiten extraer algunas ideas y lecciones que cabría tener en cuenta de cara al futuro. Muchas de las limitaciones que pueden identificarse son aplicables al conjunto de la Política de Defensa: la relativa indefinición de los objetivos planteados en las directrices políticas propuestas en las directivas de defensa nacional o las directivas de política de defensa y la vaguedad de los planteamientos propuestos para su consecución. También puede destacarse una cierta falta de coherencia entre la evolución real del entorno estratégico, las áreas de capacidad identificadas y su traslación a sistemas armamentísticos concretos6. Otras limitaciones más concretas versan sobre errores conceptuales y fallos procedimentales motivados por la carencia de metodologías e indicadores para evaluar el progreso o una difícil justificación teórica de las acciones propuestas y los efectos obtenidos. No obstante, el principal factor que ha comprometido la efectividad del modelo ha sido la crisis económica que ha afectado a nuestro país, que paralizó nuestra defensa y cuyos efectos todavía persisten7. Tal y como sucedió con muchos países de nuestro entorno, la crisis puso de manifiesto que durante Eurofighter Typhoon (C.16) los años de bonanza se habían comprado materiales que excedían la capacidad financiera para sufragarlos y sostenerlos. De hecho, en nuestro país el planeamiento por capacidades no se usó para obtener capacidades, sino para justificar la adquisición de los controvertidos programas especiales de armamento (PEA)8. Heredados tanto del paradigma de la Guerra Fría como de Gobiernos anteriores, estos programas que empezaron a proyectarse a mediados de los noventa se compraron sin prever su sostenimiento ni valorar su ciclo de vida9 y en varios casos apenas satisfacen los requerimientos de seguridad presentes. Sin embargo, han hipotecado las cuentas futuras del ministerio, ya que los recursos para toda la década continúan comprometidos en estos programas cuyo pago puede dilatarse hasta 2030. En este sentido, no parece extraño que ante la espiral de costes experimentada por estos programas y la incapacidad para sufragarlos y sostenerlos, en plena crisis el ministro Morenés optara por cancelar REVISTA DE AERONÁUTICA Y ASTRONÁUTICA / Diciembre 2018 915


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