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110 FERNANDO CALVO GONZÁLEZ-REGUERAL del 14, sin embargo, le conmovería hondamente, entregándose a su benéfica labor con denuedo en hospitales de primera línea así como a la escritura, componiendo su obra maestra, In Flanders Fields, en las posiciones británi-cas y de la Commonwealth destacadas en Bélgica y el Noreste de Francia. Aquejado de una grave neumonía contraída en campaña durante ese año de 1917, John McCrae fallecería poco tiempo después en el modélico hospital de Boulogne, que tanto le debía. FIGs. 14 y 15: Amapola del recuerdo y tumba de soldado en algún lugar de Francia (col. autor y Archivo General Militar de Madrid). Sin duda conocedor no solo de las propiedades de la amapola, sino de su importancia en la iconografía anglosajona, el recurso a esta planta debió ser inmediato para el teniente coronel cuando se dispuso a escribir su céle-bre poema. La fugacidad de su flor, que nace para morir, como los jóvenes soldados a los que él mismo asistía cada día, fue sin duda otro de los motivos para su elección. Finalmente, la efímera belleza de la amapola, de un rojo vi-vísimo en aquellas latitudes y único toque de color en una tierra literalmente devastada por la guerra, contribuiría decisivamente al nacimiento de este el más célebre poema de toda la “Trench Poetry”, que se ha ganado por dere-cho propio también un hueco en las antologías de poesía universales. Versos inmediatamente acogidos por los británicos como suprema elegía para toda una generación, siendo recitado cada 11 de Noviembre –“Armistice Day”- en las parroquias y, también, en los cuarteles del Reino Unido, recogiéndose los soldados en posición de respeto con el fusil a la funerala cada vez que es leído. Ese mismo día en que se conmemora el cese de las hostilidades y, Revista de Historia Militar, 124 (2018), pp. 110-128. ISSN: 0482-5748


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