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114 FERNANDO CALVO GONZÁLEZ-REGUERAL Continuad nuestra lucha contra los enemigos: nuestras manos vencidas os arrojan la antorcha; llevadla y levantadla lo más alto posible. Si no lo hacéis así, los que morimos nunca descansaremos, aunque las amapolas broten en los campos de Flandes. VI. 1918: VOLVIENDO A CASA… SIN WILFRED OWEN “Este libro trata de la guerra, no de la poesía. Mi tema es la guerra y la pena de la guerra. La poesía está en la pena” (del prefacio de Wil-fred Owen a sus póstumos Poems).17 1918. Nos acercamos al final de la guerra, al final de este trabajo. Rusia ha colapsado devorada por el fuego de la revolución, ocasión aprovechada por Alemania –aun cansada y con fuertes restricciones por el bloqueo marítimo al que le someten sus ene-migos- para lanzar una poderosa ofensiva que a punto está de romper en profundidad las líneas adversarias del frente occidental. Es primavera y la lucha se recrudece… pero los yankis, con efectivos numerosos man-dados por un buen general, Pershing, irrumpen en el frente franco-belga, primero ayudando a sus nuevos aliados a reconstruir la línea y, después, lanzando una contraofensiva que ya no se detendrá hasta el fin de las hostilidades. Su poderío económico e industrial terminará de inclinar de esta manera una balanza que ha permanecido equilibrada durante tantos meses de tremendo combatir.18 Es momento de hablar de uno de los más grandes poetas surgido al calor del enfrentamiento, Wildred Owen, quien no viviría lo suficiente para ver su conclusión (aunque ya nos advierte el viejo adagio castrense que “sólo los muertos llegan a ver el fin de la guerra… Los viejos solda-dos nunca mueren, simplemente se desvanecen en el tiempo”). Nacido en una familia bien establecida en Oswestry, Shropshire, en 1893, Owen fue criado en un devoto ambiente evangélico, sintiendo desde muy niño 17  OWEN, Wilfred: Poemas de guerra (trad. Gabriel Insausti). Acantilado, Barcelona, 2011, pp.14-15. 18  Se calcula en más de medio millón de hombres el contingente de la Fuerza Expedicionaria Es-tadounidense (AEF, por sus siglas en inglés) mandada por el general John “Black Jack” Per-shing. Entre ellos figuraban los futuros generales de la próxima guerra: Douglas MacArthur, como jefe de Estado Mayor de una división; Patton, ya en el Tank Corps; Ike Eisenhower, en funciones de adiestramiento de tropas, etc. (MOSIER, John: The Myth of the Great War: A New Military History of World War I. Group International Library, Londres, 2009, excelente libro). Revista de Historia Militar, 124 (2018), pp. 114-128. ISSN: 0482-5748


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