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174 MARIANO CUESTA DOMINGO gastos y expuestas muchas vidas por las enfermedades que se contraen”.30 Eran espacios propicios para que hombres especiales menos atraídos por las riquezas que por ejercitar su proselitismo sobre los pobladores. En el espacio norteamericano Al septentrión del virreinato neohispano, había un gran Norte; como para los Estados Unidos fuera el gran Oeste. Un territorio impreciso, de mi-les de kilómetros cuadrados considerables como frontera, como “vacío” o, si se prefiere, como una antigua res nullius, susceptible de ocupación, reor-denación y explotación. Su población era escasa, dispersa y frecuentemente nómada pero no por ello despreciable a la hora de ser incorporada al seno de la Iglesia y a la Corona; la pervivencia de alguna leyenda podía impulsar a gentes ávidas de riqueza (mineros, por ejemplo). Sin embargo era un medio fundamentalmente árido (áridamérica), hostil para el asentamiento humano y la posibilidad de fundar asentamientos era reducida. He ahí por qué las primeras acciones de estos pioneros eclesiásticos fuera de un tipo que puede ser tildado de logístico y estratégico; absolutamente imprescindibles para el desarrollo de la acción misional, específicamente táctica. La memoria de la ruta desarrollada por fray Antonio de Olivares31 no admite duda; no en balde su informe se denomina Diario derrotero y en él sobresale el número de ríos que cruzó (San Marcos, Nueces, Frío, Jondo, Chapa, Chiltipique, Róbalos, Mediana, San Marcos, Guadalupe, Garrapatas, Salado, San Antonio, San Pedro, León), lo que equivalía a indicar lugares propicios para el asenta-miento humano o lugares en que por concentración de la caza y existencia de comida en general, de agua y refugio, de algunos árboles, con todo lo que ello significaba podía ser atractiva y hasta necesaria para poblaciones indígenas y foráneas. Otros frailes destacaron en su acción geográfica descubridora de es-pacios, paisajes y nuevas rutas. Son los casos de fray Silvestre Vélez de Es-calante32 que evangelizó entre los indios navajo, apache, yuta, comanche y pueblo; también Atanasio Domínguez que realizó un interesante viaje con 30  BNE. Manuscritos, 3133, f. 56 y s. 31  “Diario derrotero de la entrada y viaje que hizo y emprendió el reverendo padre fray Antonio de Olivares...en compañía de Pedro de Espinosa”; apud MASS, O: Viajes de misioneros fran-ciscanos en la conquista de Nuevo México. Sevilla 1915. 32  Del que se dispone un pequeño mapa (fig. 2), CUESTA DOMINGO, M: “Mapas eclesiásticos. De la improvisación a la ciencia”, en CUESTA DOMINGO, M. y A. SURROCA (dir.): Car-tografía hispánica. Imagen de un mundo en crecimiento (1503-1810). Ministerio de Defensa. Madrid, 2010, p. 333. Revista de Historia Militar, 124 (2018), pp. 174-208. ISSN: 0482-5748


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