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230 ENRIQUE GOZALBES CRAVIOTO ya que lo mismo acontece respecto a Roma en esos mismos momentos65. Debemos pues acudir a la suposición, en el periodo que ahora estudia-mos, de un tipo de armamento similar al que poseían las falanges hopli-tas griegas, con la importancia de la lanza, la espada y el escudo, y una cobertura mayor o menor de corazas66. Sin duda, dadas las rarezas de las propias representaciones iconográficas, será en el futuro la investiga-ción arqueológica la que podrá aportar datos para el conocimiento. Con Jantipo con toda probabilidad se introdujo la sarisa característica de las falanges macedónicas. La presencia de la caballería, mucho más modesta que la mencio-nada en el siglo III a.C., ya estaba presente en el ejército cartaginés desde finales del siglo V a.C.,67 si bien es cierto que la proporción de la misma era particularmente modesta en relación con el total de los soldados dis-ponibles. Así en los textos podemos detectar como en las guerras greco-púnicas de Sicilia nos aparece reflejada la existencia de un jinete por cada 50 hoplitas según parece al menos en un caso68, o de uno cada 75 en otro.69 Todavía más, en el ejército organizado en África para repeler la invasión de Agathocles, en el 310 a. C., se mencionan ya nada menos que un jinete por cada 4 infantes70. Este hecho refleja que con el tiempo el número de componentes de la caballería aumentó de una forma muy sustancial: en la Primera Guerra Púnica aparece en el ejército cartaginés en Sicilia una proporción de un jinete por cada 8´5 soldados de a pie71. Todavía más, en el ejército de Jantipo en África en el 255 a.C. se contaban nada menos que un jinete por cada tres soldados de infantería72. En los primeros tiempos la caballería estaba formada básicamente por los ciudadanos de Cartago y por personas de sus ciudades aliadas, sin embargo en la época de la Se-gunda Guerra Púnica la caballería más destacada sería ya la aportada por los pueblos clientes, númidas y moros73. Los carros de caballos merecen también una cierta referencia es-pecial. Sin duda inicialmente el modelo incorporado por Cartago a su 65  Vid. BISHOP, M. C. y COULSTON, J.C.N.: Equipamiento militar romano, Madrid, 2016. 66  PLUT.: Timol, 28. En la batalla precisamente ese exceso de defensas, en una situación de lluvia y de encharcamiento, les resulto fatal. 67  DIOD. XIII, 44. 68  DIOD. XIII, 54. 69  DIOD. XIV, 54. 70  DIOD. XX, 10. Es cierto que en otra lectura sería uno por cada 40 pero es claramente exce-sivo. 71  DIOD. XXIII, 8. 72  POL. I, 32, 9. 73  Vid. al respecto la obra de AÏT AMARA, O. : Numides et maures au combat: états et armés en Afrique du Nord jusqu´à l´époque de Juba 1er, Cagliari, 2013. Revista de Historia Militar, 122 (2017), pp. 230-238. ISSN: 0482-5748


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