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38 MANUEL GARCÍA CABEZAS La presencia española en Guinea ha sido débil, discontinua e inter-mitente. La población europea allí siempre fue escasa y la colonización del territorio fue tardía y poco intensa; sólo desde principios del siglo XX la penetración colonial española se puede calificar de coordinada y efectiva. Tampoco España desplegó en la zona grandes contingentes militares que sirvieran de ocupación y coadyuvaran a una colonización intensa. La seguridad de la colonia y el ejercicio de la soberanía, casi siempre, estuvo ejercida por una especie de policía (bien es verdad que militarizada) con personal indígena y mandos de la Guardia Civil (con el tiempo, también procedentes del Ejército)33; sólo con ocasión de los acontecimientos de la I y II Guerra Mundial hubo presencia importante de fuerzas militares espa-ñolas en Guinea y más para hacer frente a la inseguridad de los territorios circundantes que para imponer una presencia colonial abrumadora. Esa cir-cunstancia contrasta con otros casos históricos semejantes en nuestra propia historia como son los casos de Cuba o Marruecos34. Otra singularidad es que España no reclutó personal de esa colonia para formar unidades en sus Fuer-zas Armadas, como si sucedió en otros casos nacionales (unidades indígenas en Marruecos, Sáhara, Ifni) o en otros contextos coloniales europeos.35 El proceso de independencia de Guinea Ecuatorial se produjo de una manera relativamente pacífica, especialmente si lo comparamos con otras experiencias coloniales europeas en África36 (por ejemplo, la descoloniza-ción de la Argelia francesa o las guerras que los portugueses libraron en sus colonias africanas). En el caso español no hubo una guerra ni guerra abierta entre la población y la potencia colonial ni tampoco surgió ningún tipo de movimiento armado de liberación, lo que constituye una singularidad en los procesos independentistas africanos. El proceso que llevó a la independen- 33  La Policía Indígena recibiría con el tiempo diversos nombres: Guardia Civil de los Territorios Españoles del Golfo de Guinea (1905), Guardia Territorial de la Provincia de Guinea, etc. Sobre este tema véase (BUENO, 1990) y (SEQUERA, 2006). En (SEQUERA, 2006, pág. 300) hay una relación de unidades militares desplegadas en Guinea. 34  Marruecos ha despertado un interés histórico desmesurado para el poco tiempo de nues-tra presencia allí. En el caso de Cuba hay que señalar que hacía allá se mandaron hasta cerca de 200 mil hombres durante la guerras de finales del siglo XIX, en lo que ha constituido el mayor despliegue de hombres en el Atlántico desde Europa hacia América. 35  El caso de las unidades de senegaleses de Francia o la de indios en el ejército británico son paradigmáticos. 36  La literatura y las obras sobre la dureza del colonialismo europeo en África son abundantes. Andrés Gide, en su obra “Viaje al Congo”, ya menciona la dureza de la colonización fran-cesa en la región y cita como muchos nativos pasaban a la colonia española para librarse de los trabajos personales que les imponían las autoridades francesas. El caso de Congo belga es recogido, entre otros, en el libro de Vargas Llosa “El sueño del celta”. En la explotación colonial intervinieron desde esclavista negros, como Tippu Tip, hasta “héroes” como el ex-plorador Stanley. Revista de Historia Militar, 124 (2018), pp. 38-60. ISSN: 0482-5748


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