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66 ANTONIO AGUILAR ESCOBAR En Filipinas en 1607 el gobernador Juan de Silva reclama dicho fue-ro, pues: «que en todos los reinos de V.M. donde hay milicia como son los de Portugal, Sicilia, Nápoles, Milan, Flandes y otras partes, es costumbre, privilegios y exenciones de la gente militar que no puedan conocer de sus causas ansi civiles como militares sino sus justicias militares que son en primera instancia, los maestres de campo y en segunda el capitán general, sin que de sus sentencias se apele a otro tribunal alguno».5 En principio, el fuero militar se aplicaba para las causas criminales a todos los componentes de los ejércitos y fuerzas navales sin distinción de grado. También podían acogerse al mismo los asentistas que abastecían o trabajaban para la Corona, aunque pronto se introdujeron reformas para di-ferenciar a los soldados de los oficiales en el disfrute de algunos privilegios. Por ejemplo, los generales podían apelar directamente al rey sin pasar por el Consejo de Guerra, que era el máximo órgano para resolver los litigios rela-cionados con militares, al contrario que los soldados o los mandos de menor rango. Tampoco existía un castigo único para el mismo delito, ya que con frecuencia la pena variaba en función del grado militar. Así, los oficiales no podían ser condenados a penas deshonrosas, como, por ejemplo, la carrera de baquetas, que sí era aplicable a la tropa.6 De este modo, se mantenían las diferencias sociales entre los militares pertenecientes a la nobleza y los de los escalones más bajos de la sociedad estamental a pesar del aparente igualitarismo entre los componentes del ejército derivado de la aplicación del fuero. También existían diferencias entre los distintos cuerpos o armas, así los guardias reales disfrutaban de más ventajas que los soldados de in-fantería, o los de infantería con respecto a la artillería. Las mujeres de los militares también podían acogerse al fuero en ciertas circunstancias.7 En el siglo XVIII se ampliaron en sucesivas ordenanzas las prerroga-tivas del fuero a todas las causas civiles y militares con el objetivo de atraer al ejército más efectivos y, sobre todo, a la nobleza. Estas disposiciones eran acordes con el deseo de la Corona de contar con unas fuerzas armadas más profesionales y con mandos más efectivos. Sin embargo, los abusos que se 5  AGI. Filipinas, R.1, N. 13. Petición del gobernador Juan de Silva sobre la jurisdicción militar de 19/9/1607. 6  La pena de carrera de baquetas consistía en hacer desfilar al soldados condenado entre una doble fila de compañero siendo golpeado por ellos. 7  ANDÚJAR CASTILLO, Francisco: “El fuero militar en el siglo XVIII”, Chronica Nova, 23, 1996, pp. 11-31. Revista de Historia Militar, 124 (2018), pp. 66-90. ISSN: 0482-5748


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