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68 ANTONIO AGUILAR ESCOBAR año. La orden aumentaba las materias acogidas al fuero militar y decretaba que solo los jueces militares tuvieran la competencia para tratar las causas civiles y criminales que afectaran a todos los componentes del Ejército y la Marina sin distinción de grado, y que ninguna otra autoridad civil de cual-quier administración pudiera reclamar dichas competencias. Sin embargo, en ninguna de estas nuevas disposiciones se extendían los privilegios de manera que pudieran afectar a las diferencias estamentales por razón de cuna entre los miembros del ejército. Con este decreto se trataba de acabar con los numerosos conflictos que se producían por juzgar y sentenciar a los soldados entre las distintas autoridades y, al mismo tiempo, estimular el reclutamiento de nuevos efectivos al hacer más atractiva la incorporación al ejército. La aplicación del fuero para causas civiles y criminales también se extendía a las compañías y escuadrones de milicias urbanas que se moviliza-ban ante necesidades bélicas puntuales mientras durasen las campañas. Sin embargo, también aquí se producían abusos, como era el caso de los mandos y algunos componentes de los escuadrones de caballería de las milicias que eran comerciantes pudientes, y al estar dedicados a sus negocios utilizaban a sus sirvientes para realizar los servicios militares que debían realizar ellos mismos. Estos comportamientos se dieron en muchas plazas de ultramar, como, por ejemplo, en México en la última década del Setecientos, donde existía un escuadrón de caballería que se dedicaba fundamentalmente a la conducción de presos o a la custodia de los cargamentos de plata hasta Ve-racruz. En consecuencia, se decidió suprimir el derecho al fuero para dichos comerciantes milicianos y relevarles de sus cargos en la milicia. La protesta de estos individuos no se hizo esperar, reclamando sus reales despachos de mandos en los escuadrones. Alegaban los años de servicio que llevaban en la milicia y el alto coste de mantenimiento de la misma que habían sufra-gado ellos mismos. Finalmente, se resolvió devolverles sus nombramientos pero no el fuero militar hasta que una junta de guerra estudiara el caso.9 Un tipo de delito muy frecuente cometido por los soldados, y en al-gunos casos por sus mandos, fue la deserción. El abandono del servicio de armas fue un mal secular en el ejército español durante toda la Edad Mo-derna y, especialmente, entre las tropas de ultramar. Los castigos por ese delito estaban regulados en las leyes de Indias y en sucesivas ordenanzas militares que fueron cambiado a lo largo de los años. En tiempos de guerra, los desertores eran condenados a muerte en caso de ser capturados; sin em- 9  Archivo General de Simancas (en adelante AGS). SGU, leg, 6981, 37. Despachos para los oficiales del escuadrón de caballería de México de 9/11/1800. Revista de Historia Militar, 124 (2018), pp. 68-90. ISSN: 0482-5748


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