Page 75

RHM_124

74 ANTONIO AGUILAR ESCOBAR número de efectivos, oficialidad disponible para juzgar, funcionarios judi-ciales existentes, cercanía a las metrópolis, etc. Esta situación variable a lo largo del tiempo generaba necesidades que exigían tratamientos especiales, especialmente en el desarrollo de los procesos criminales y civiles que afec-taban a la oficialidad y a la tropa. Además, la existencia de compañías no regladas u ocasionales, tipo milicias, así como en las armadas que se apres-taban en momentos concretos para luchar contra las incursiones piráticas en las costas filipinas, hacían necesario dictar nuevas disposiciones y decretos que en algunos casos contradecían los anteriores. En segundo lugar, podemos observar en la transcripción anterior cier-ta ambigüedad en la redacción de muchas de estas disposiciones y dictáme-nes del propio Consejo ante la variada casuística de los procesos judiciales. Así, aunque el 18 de agosto de 1735 se dicta un decreto del Consejo dando la razón al oidor fiscal por el que se comunica al maestre y a la audiencia que debe inhibirse en todas las instancias a favor del capitán general en «los delitos, casos y cosas pertenecientes a los oficiales y gente de guerra», posteriormente, en noviembre de ese año, en otro dictamen se deja abierta su ejecución a las autoridades del archipiélago en conflicto, apelando a la necesidad de un acuerdo entre ellos según los precedentes y la tradición establecida en casos similares.18 Es decir, se quiere salvaguardar la máxima autoridad del capitán general y gobernador pero al mismo tiempo mantener la autoridad sobre la tropa de los mandos directos del tercio, como era el caso del maestre de campo. La consecuencia de estos conflictos era una rei-teración de consultas y respuestas entre los diferentes estamentos centrales y los del archipiélago que podían prolongarse durante años, demorando la de-cisión final en perjuicio del reo, quien podía pasar en prisión mucho tiempo. No fue este el único conflicto del maestre de campo Manuel de San-tisteban con otras autoridades del archipiélago. Este militar se caracterizó durante su empleo en la milicia por protagonizar varios casos en los que midió su poder con el gobernador filipino y con los oidores y fiscales de la Audiencia. Estos desafíos a la máxima autoridad del archipiélago se susten-taban en la importancia que este maestre de campo tuvo en las reformas y mejoras en la planta del ejército local, así como en el elevado prestigio que tenía en dicha institución. En efecto, a él se deben los primeros pasos para la transformación del viejo tercio de Manila en el Regimiento Fijo del Rey de la capital, más operativo, que crearía el gobernador Arandía unos años después. 18  Ibídem. Revista de Historia Militar, 124 (2018), pp. 74-90. ISSN: 0482-5748


RHM_124
To see the actual publication please follow the link above