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destacamento Orión o hélice, implicaría varios días de trabajo. Por todo ello los más supersticiosos cruzan los dedos. A ojos de cualquier observador exterior ajeno al trabajo, todo el mundo permanece en su puesto de espera cual perfecto equipo de fórmula uno esperando que el bólido entre en boxes antes de comenzar las tareas asignadas sin perder un solo segundo. Para ello hemos sido instruidos y esta es la prueba de que se sabe hacer. El señalero, con su inconfundible chaleco reflectante, hace su seña de brazos en cruz y en cuanto la última hélice deja de realizar su hipnótico giro el hormiguero de especialistas se pone en marcha como si un juez de una carrera de velocidad hubiese decretado la salida. Ya no hay otra idea en las cabezas del personal que la de realizar nuestro cometido en el menor tiempo posible sin perder efectividad y siempre velando por la seguridad de la aeronave y, sobre todo, de los compañeros que van a bordo de la misma. Aquí empieza nuestro rutinario trabajo de inspección postvuelo al que llamamos «diaria». Cada uno a su sitio y a comenzar la importante revisión de cada uno de los puntos escritos en las tarjetas de trabajo del manual de mantenimiento de cada sección. Esta vez les toca a los mecánicos de célula y sistemas cambiar el juego de ruedas de morro, que han venido con una pérdida en la banda de rodadura, provocando vibraciones en el tren de aterrizaje. Con la ayuda del resto del personal, porque aunque cada uno tiene su especialidad, todo apoyo es poco, conseguimos cambiar las piezas y dejar la aeronave operativa. Igual que la lotería de navidad, que siempre está muy repartida en premios, al resto de binomios les ha tocado averías que tienen que corregir: los electricistas siguen con un fallo de piloto automático, haciendo pruebas y más pruebas sin descanso hasta dejar la avería solucionada; los electrónicos ponen a punto el radar y el FLIR con mucho esfuerzo, hasta conseguir que queden finos; los armeros comprueban el sistema de lanzamiento de la balsa de salvamento hinchable (UNIPAC), que tiene que estar en perfecto estado por si tuviera que ser usada en un rescate de la tripulación de algún barco en alta mar; la sección de línea vuelve a enfundar todos los orificios –susceptibles de alojar insectos y aves– con sus correspondientes tapas, velando, además, para que la aeronave que- 102 REVISTA DE AERONÁUTICA Y ASTRONÁUTICA / Enero-Febrero 2019


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