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S.M. Felipe VI se dirige al Consejo del Atlántico Norte. 21 de noviembre de 2018 TIEMPOS DIFÍCILES La Segunda Guerra Mundial dejó Europa devastada y exhausta. En el conflicto murieron más de 36 millones de personas, de ellas 19 millones de civiles. Millones de europeos se quedaron sin hogar, la mortalidad infantil se disparó y las modificaciones de las fronteras convirtieron a muchos europeos en apátridas y a otros muchos en refugiados. Por otra parte, los enormes daños en las infraestructuras dificultaban los movimientos de los cientos de miles de personas que intentaban huir de la devastación y de los salvajes asesinatos causados por rivalidades étnicas y represalias políticas. Terminada la guerra la situación siguió siendo dramática y la población continuó sufriendo todo género de penalidades. En ese desolado marco se desarrollaron con éxito diversas maniobras políticas encaminadas a establecer en los países del centro y este de Europa gobiernos de orientación comunista inspirados por la Unión Soviética. En febrero de 1948 se llevó a cabo en Checoslovaquia el llamado Golpe de Praga que hizo posible el acceso del partido comunista al poder. El derrocamiento del sistema democrático checoeslovaco hizo saltar las alarmas en los países de Europa Occidental que, ante la creciente inseguridad política y una penuria económica fuente de inestabilidad, decidieron firmar en marzo de 1948 el Tratado de Bruselas1 que se considera el primer paso relevante en el proceso político que desembocó en la firma del Tratado del Atlántico Norte. Tras diversos intentos fallidos de consolidar una defensa europea, el 23 de octubre de 1954 se firmaron los acuerdos de París que modificaron el Tratado de Bruselas, haciendo posible la incorporación de Italia y la República Federal de Alemania (RFA) a ese tratado y el nacimiento de la Unión Europea Occidental. Cuando ese mismo año 1948 las potencias occidentales trataron de introducir el deutschemark en sus tres zonas de ocupación en Berlín, los soviéticos iniciaron el 24 de junio el bloqueo de la ciudad. Cerrados los pasos fronterizos, se interrumpieron todas las comunicaciones terrestres entre las zonas de ocupación de Estados Unidos, Reino Unido y Francia en Alemania y el Berlín Occidental. Para asegurar la supervivencia de la población berlinesa se organizó un puente aéreo que fue planeado y realizado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos con algunas aportaciones británicas y de otros aliados. Durante el bloqueo, se realizaron más 275 000 vuelos que mantuvieron abastecidos a los berlineses. Para garantizar la seguridad de los vuelos, el Gobierno estadounidense hizo saber a la URSS que no dudaría en usar la fuerza para hacer respetar los corredores aéreos entre Berlín y Alemania Occidental. El 12 de mayo de 1949, ante la resolución occidental, la Unión Soviética levantó el bloqueo que había durado once meses. El heroísmo y la preparación de aquellos aviadores hicieron posible el éxito del puente aéreo, que fue para muchos europeos un motivo de esperanza en un futuro mejor. Sin embargo, la situación humanitaria siguió siendo muy difícil y los habitantes del Viejo Continente continuaron sufriendo graves privaciones. El presidente Truman firma el Tratado del Atlántico Norte. Washington, 4 de abril de 1949 REVISTA DE AERONÁUTICA Y ASTRONÁUTICA / Enero-Febrero 2019 43


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