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114 JOSÉ MARÍA DE LUXÁN MELÉNDEZ guerra civil, y en las guerras civiles se poseen de las pasiones y de los sentimientos por que combaten, y en ellas la lujuria precede al ataque, y muchas veces el escarnio aún va más allá de la muerte. Y para ganar la guerra reclama unidad. Subraya la importancia de dar predominio a la nación, de enfrentar la guerra como una cuestión de Estado, alejada de la competencia partidista. Señores, todos tenemos deseos de que se concluya esta lucha sangrienta, y para ello encuentro yo un medio, el medio verdadero, y lo diré con franqueza, porque soy militar y el lenguaje de los militares es siempre franco, y no es otra cosa que la verdad. El modo de que se concluya la guerra es que todos los partidos en que los liberales estamos divididos se unan, que todas las escisiones que existen entre nosotros se acaben, que cesen esas pasiones y esas ambiciones mezquinas y bajas, que cese también esa sed de mando. Yo, señores, respeto mucho la ambición noble, generosa, osada, que todos los hombres de bien tienen, de elevarse para el bien de su país hasta donde lo juzguen posible: yo venero como el que más esta ambición que nace de sentimientos generosos; yo, por mi parte la tengo; sí, noble, generosa, lo confieso; pero jamás emplearé medios viles o ilícitos, no; jamás emplearé yo tales medios para elevarme; jamás me valdré de la desgracia de mi país en beneficio propio. He dicho, señores, y lo repito, que el modo de concluir la guerra, y con ella la ansiedad de la Nación, es que nos unamos todos y que sacrifiquemos en las aras de la Patria las reclamaciones y las enemistades personales y de partido. Señores, si por desgracia Don Carlos llega a ser Rey de Madrid y de España, bien seguro que a todos nos igualará, así como el sepulcro iguala a los hombres: ¿por qué, pues, no nos hemos de unir todos? Hagamos en las aras del bien de nuestro país el sacrificio hasta de nuestras mismas opiniones, si es necesario, prescindiendo de las que puedan agitarnos. Yo también las siento, señores; yo también las siento en mi alma, y aquí las siento con violencia, porque soy joven y siento que me hierve la sangre; pero las sacrifico, sin embargo. Señores, yo me exalto, pero hablo con toda mi alma, hablo lo que siente el corazón, y jamás he hablado ni hablaré contra mi sentir, contra mi convencimiento. Unámonos, reunamos nuestros esfuerzos, olvidemos nuestras rencillas y acordémonos del tiempo en que un mismo techo nos cubría; acordémonos del tiempo en que comimos el mismo pan del dolor, Revista de Historia Militar, 125 (2019), pp. 114-130. ISSN: 0482-5748


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