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172 VICENTE PUCHOL SANCHO de Odilon Barrot y del futuro emperador Napoleón III, que anhelaban una mayor influencia en la península italiana para contrarrestar el poder de Austria. De hecho, sus actuaciones en contra de la defensa del poder temporal del Papa provocaron recelos y tensiones permanentes con los otros países, hasta tal punto que se temió que estallase una guerra internacional en suelo italiano. En una de sus acciones unilaterales, en contra de lo acordado en las conferencias de Gaeta, las tropas francesas pretendieron tomar Roma. El resultado fue una sonada derrota bajo los muros de la ciudad eterna. A partir de ese momento, recibieron continuos refuerzos de Francia hasta alcanzar 32.000 hombres, e iniciaron el asedio de la capital donde se habían concentrado las fuerzas de la recién proclamada República romana. Tras dos meses de asedio, el 3 de julio de 1849 los franceses entraban en la ciudad. Pero extrañamente, en una de sus acostumbradas actuaciones, permitió que Garibaldi, al frente de 4.500 ó 5.000 hombres saliese de Roma la tarde anterior. A partir de ese momento y por espacio de un mes, del 3 de julio al 2 de agosto, las tropas aliadas iniciaron la persecución del condotiero italiano. ESTADO DE LA CUESTIÓN EN LA BIBLIOGRAFÍA “RISORGIMENTALE” ITALIANA Muy probablemente, llevados por el mito2 de Garibaldi y/o el proceso de unificación italiana, los historiadores del movimiento denominado Risorgimento italiano nos han dejado un relato poco ajustado a la realidad de lo que fue la persecución de Garibaldi. En algunos casos, han llegado incluso a crear situaciones y supuestos tácticos que no se dieron en la realidad. Así, por ejemplo, en el caso de la persecución que las tropas españolas llevaron a cabo, el cúmulo de errores y falsedades históricas es tal que no concuerdan las fechas, el itinerario, ni los supuestos tácticos que les atribuyen, ni las acusaciones que lanzaron contra los españoles. Por lo que respecta a los franceses, no hubo una persecución propiamente dicha. Los movimientos de las columnas del general d’Angely y del general Morris solo estaban dirigidos a ampliar su zona de influencia, preservar a las poblaciones de las exacciones de las tropas garibaldinas y vigilar sus 2 ESPADAS BURGOS, Manuel: “El eco de Garibaldi en España”, en Giuseppe Garibaldi e il suo mito, Atti XX, Istituto per la Storia del Risorgimento Italiano, Roma, 1984, pp. 231-246. PERUTA, Franco della: “Garibaldi tra mito e politica”, en Studi Storia, 1982 (gennaio-marzo), pp. 5-22. Augusto Conte, un diplomático español que permaneció en Roma encargado de custodiar el palacio de la Embajada y proteger los súbditos españoles durante el asedio francés, decía de él: “Su figura y sus hechos herían la imaginación de las turbas, y su historia ha degenerado en una leyenda, que se transmitirá de los padres á los hijos” (Véase CONTE, Augusto: Recuerdos de un diplomático. J. Góngora y Álvarez, I, Madrid, 1901, p. 425). Revista de Historia Militar, 125 (2019), pp. 172-200. ISSN: 0482-5748


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