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EL GENERAL MARTÍNEZ CAMPOS ACABA CON EL CANTÓN... 223 del Consejo y en la que no he cedido debió poner amenaza alguna por no herir la susceptibilidad de Valencia y porque me (… ilegible) en las intimidaciones (… ilegible) y llevadas a cabo en el sitio si este, como no, llega a tener lugar. Confío en que este paso merece la superior aprobación de V.E. y del Gobierno de la República. Dios Guarde a V.E. muchos años. Catarroja 30 de julio de 1873. Excmo. Sor. Arsenio Martínez Campos”. Esa misma mañana, el general Martínez Campos (y siguiendo la recomendación del cuerpo consular de la ciudad de Valencia) publicaba la proclama solicitada “A los valencianos”, en la que les anunciaba que estaba “dispuesto a resolver las cuestiones en el sentido de la conciliación”, para “evitar el derramamiento de sangre toda española, toda republicana”, y siempre y cuando los valencianos respetaran “la resolución de las Cortes sobre la Constitución Federal”, disolviendo la Junta Revolucionaria, reconociendo a las autoridades nombradas por el gobierno y permitiendo la entrada en la plaza de las fuerzas del Ejército. Por la tarde, una fuerza insurgente se acercó a Massanassa (a unos 5 kilómetros al sur de Valencia y muy próximo a Catarroja) y la artillería gubernamental les hizo dos disparos de cañón que les causaron varias bajas a los insurgentes y les obligaron a retirarse al interior de Valencia, mientras se detectaba la huida de la plaza de muchos milicianos locales de la ciudad, “siendo forasteros la mayoría que quedaban”. Ese mismo día, continuaron los comunicados ordenando y anunciando el envío de nuevos refuerzos para el Ejército de Operaciones de Valencia, tanto desde Castilla la Nueva (“400 tiros para cañón de a doce y 200 bombas para morteros de a 32”), como desde Alicante (fuerzas de la Guardia Civil para escoltar un convoy de municiones que se iba a enviar por ferrocarril) y Burgos (tacos de tierra del Parque de Artillería de esa plaza). Por la tarde, el comandante militar de Albacete anunciaba al ministro de la Guerra la salida para Alcira de “la fuerza guardia civil de la provincia de Murcia”, mientras el general Martínez Campos se quejaba de la escasa munición de artillería que había recibido, hasta el momento (tan solo “bombas y tiros de cañón”), al igual que de la carencia de planos, parque sanitario y otro material de ingenieros y artillería, y, ya por la noche, insistía en que le confirmaran “cuando se me remiten los planos, parque sanitario y utensilios de ingenieros para moverme y el aumento de los tiros de mortero”. Finalmente (y también en esa misma noche), el ministro de la Guerra seguía prometiendo a Martínez Campos el próximo envío de la munición de artillería que necesitaba. Revista de Historia Militar, 125 (2019), pp. 223-264. ISSN: 0482-5748


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