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252 MANUEL ROLANDI SÁNCHEZ-SOLÍS Rápidamente, los defensores empezaron a abandonar sus puestos de resistencia y sus armas, mientras que varios centenares de los más comprometidos (entre los que se encontraban los componentes de la propia Junta Revolucionaria, los dirigentes intransigentes locales y los jefes de los voluntarios sublevados, en un número próximo a los 830 personas, como reconocía el propio general Martínez Campos en uno de sus informes de pocos días después), se dirigían a la zona de los muelles y se embarcaban en el vapor mercante Matilde (embargado, unos días antes, por la Junta a sus propietarios), con la intención de escapar hacia Calpe y Cartagena, este último lugar convertido en el postrero “(…) centro de la sublevación federal a prolongar la resistencia (…)”, como comentaría la revista “La Ilustración Española y Americana”, en su número XXXI de agosto de 1873. Asimismo, y en las siguientes horas, la mayor parte de la gente pacífica de Valencia que, durante los días pasados, se habían refugiado en el Grao, poblados marítimos y otros pueblos próximos, comenzó a regresar a la ciudad. A primeras horas de la mañana del viernes 8 de agosto se izaba bandera blanca en el Miguelete (la torre más alta de la ciudad) y en las torres de Serranos y del Cuarte, y a las nueve de la mañana el general Martínez Campos recibía “la primera noticia del abandono de la Plaza”, y, una hora después, vino a confirmárselo “una persona formal, el Sr. D. Tomás Piculo, que tanto ha trabajado”, quien le pidió que no entrase enseguida en la ciudad, para dar tiempo al desalojo de los insurgentes y evitar enfrentamientos armados innecesarios con ellos. A las 11 la noticia era ya oficial y se la trasladó al general una nueva comisión de notables valencianos, que le hicieron la misma solicitud, mientras que, pocos minutos después (concretamente, las 11 y 3 minutos) el gobernador civil de la provincia y el presidente de la Audiencia de Valencia se lo comunicaban, como primicia, al presidente del consejo de ministros y a los ministros de la gobernación, Guerra y Gracia y Justicia: “Persona digna de todo crédito desde Catarroja telegrafía diciendo acaba de saber que voluntarios insurrectos han abandonado Valencia depositando las armas, añadiendo puede telegrafiarse al gobierno dando al Ministro Gobernación la garantía de su nombre que es Gilberto Abelardo Díaz”. Finalmente, y hacia las doce del mediodía del viernes 8 de agosto de 1873, el general Martínez Campos y los brigadieres Arrando (a quien el general en jefe recomendaría al gobierno que fuese ascendido a mariscal de campo por sus “relevantes” servicios prestados) y Villacampa entraban en la ciudad al frente de sus tropas y por las puertas de las Torres de Cuarte, donde les recibió el coronel de los voluntarios locales Virgilio Cabalote, para hacerles la entrega oficial de la plaza. Revista de Historia Militar, 125 (2019), pp. 252-264. ISSN: 0482-5748


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