Page 115

Revista de Historia Militar 118

114 ESTEBAN MIRA CABALLOS mención de algunas villas que obtuvieron el título de ciudad a principios del siglo XVII, nos permiten afirmar con escaso margen de error que el mismo fue elaborado en algún momento de las dos últimas décadas del siglo XVI, en la etapa final del reinado de Felipe II. Obviamente los recursos de la monarquía, con ser cuantiosos, eran limitados, muy limitados, teniendo en cuenta los ingentes gastos defensivos del mayor imperio territorial de la historia. Ya veremos a lo largo de estas páginas como los Habsburgo consiguieron diseñar una estrategia defensiva sostenible -terrestre y naval- lo que permitió la supervivencia de su Imperio durante más de tres siglos. Pero es más, hasta la Guerra de los Treinta Años, se mantuvo como indiscutible primera potencia mundial y desde mediados del siglo XVII hasta principios del siglo XIX, como una potencia de segundo orden. Como escribió acertadamente Antonio Miguel Bernal, lo sorprendente no es que este Imperio desapareciera, pues todos lo han hecho a lo largo de la historia, sino que con tan limitados recursos mantuviese casi intacto su territorio durante más de tres siglos6. La defensa terrestre Desde tiempos de Carlos V, el Imperio de los Habsburgo alcanzó unas dimensiones realmente indefendibles, con tres frentes bien diferenciados: el europeo, el americano y el africano. No había en esos momentos medios humanos, técnicos ni económicos para garantizar la defensa de decenas de miles de km2 repartidos entre los cuatro continentes conocidos7. Sus compromisos militares para defender su integridad territorial provocaron un incremento de la actividad militar que tuvo un altísimo coste humano y financiero. Una lucha en la defensa de su imperio, tanto en las Indias como en Europa, especialmente en los Países Bajos y en los frentes italiano, francés y alemán. La defensa terrestre de la Península Ibérica tendría como puntal básico la fortificación del litoral. Se trataba de una extensa franja de una anchura de veinte leguas donde habría toda una red de plazas estratégicas, bien abaluartadas y con personal suficiente para garantizar su defensa, todo ello con el apoyo de las tropas de las Guardas de Castilla. Ya Jerónimo Castillo de Bobadilla, en el siglo XVI, destacó la necesidad de fortificar bien las principales plazas españolas tanto para contrarrestar las guerras civiles interiores 6 Ibídem, p. 159. 7 MIRA CABALLOS, Esteban: “Defensa terrestre de los reinos de Indias”, en Historia Militar de España (Hugo O’Donnell, dir.), Tomo-III, vol. I. Madrid, Ministerio de Defensa, 2012, p. 153. Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 114-146. ISSN: 0482-5748


Revista de Historia Militar 118
To see the actual publication please follow the link above