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Revista de Historia Militar 118

118 ESTEBAN MIRA CABALLOS disponían ni tan siquiera de un arcabuz. Así ocurrió en un alarde realizado en Almería en enero de 1621, pues la mayoría de los vecinos acudieron desarmados y solo unos pocos llevaron un arcabuz de mecha. El cabildo adquirió de inmediato medio millar de armas de fuego para repartirlos entre los reclutas22. Lo cierto es que estas milicias estaban siempre a expensas de la improvisación y su nivel de preparación por lo general era muy deficiente. Había municipios donde el alistamiento era obligatorio por parte de todos los vecinos con capacidad para empuñar un arma, y otros, en los que éste era voluntario. Bien es cierto que en el siglo XVI muchos de los enrolados eran hidalgos bien armados que veían en el servicio militar una forma de obtener mercedes. Sin embargo, desde finales de dicha centuria, se perdió el ardor guerrero de la reconquista, la sociedad se desarmó y la milicia se desprofesionalizó. Y no era para menos; en unos reclutamientos realizados en varias ciudades de Castilla entre 1592 y 1599 cada soldado cobraba 34 maravedís diarios, menos de la mitad que un jornalero que recibía unos 8323. Los quintos eran ya de baja extracción social, mal formados, mal equipados y levados de manera forzosa24. El descenso del número de reclutas en Castilla unido a la delicada situación económica de la Corona, los dos males endémicos de la época de los Austrias, tuvieron dos consecuencias indeseables para la defensa: en primer lugar, se generalizó la venalidad, es decir, la venta de todo tipo de cargos militares. Así, hasta mediados del siglo XVI, la selección de los altos militares se hacía en función al mérito y tras haber ascendido en el escalafón, desde esta época los altos cargos se entregaban, bien a cambio de una cantidad de dinero, o bien, bajo el compromiso de entregar, armar y mantener un contingente de soldados25. Por poner un ejemplo, ya el 29 de abril de 1558 se ven22 Bien es cierto, que esta política de armar a los vecinos se hizo más frecuente después de la expulsión de los moriscos, pues antes había ciertas reticencias por el temor -quizás infundado de armar a los propios enemigos. CONTRERAS GAY: Las milicias de socorro del reino de Granada…, p. 621. 23 MAÑERU LÓPEZ, Juan y CÁMARA FERNÁNDEZ, Carmen: “El reclutamiento militar en Castilla a finales del siglo XVI. Análisis de compañías de soldados levantadas en tierras de Burgos, Ávila, Soria, Álava, La Rioja, Navarra, Segovia y Cáceres”, en La organización militar en los siglos XV y XVI. Málaga, 1993, p. 182. 24 CONTRERAS GAY, José: “El siglo XVII y su importancia en el cambio de los sistemas de reclutamiento durante el Antiguo Régimen”, en Studia Historica. Historia Moderna, Nº 14, 1996, pp. 141-154. 25 Tanto la venta de alcaidías como el reclutamiento venal han sido estudiadas por JIMÉNEZ ESTRELLA, Antonio: “El precio de las almenas. Ventas de alcaidías de fortalezas reales en época de los Austrias”, en Revista de Historia Moderna. Anales de la Universidad de Alicante Nº 22, 2004, pp. 143-172.- “El reclutamiento en la primera mitad del XVII y sus posibilidades venales”, en El poder del dinero. Venta de cargos y honores en el Antiguo Régimen (Francisco Andújar Castillo y María del mar Felices de la Fuente, eds.). Madrid, Biblioteca Nueva, 2011, pp.169-190. En lo referente a la venalidad militar en el siglo XVIII, puede Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 118-146. ISSN: 0482-5748


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