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Revista de Historia Militar 118

124 ESTEBAN MIRA CABALLOS el Imperio era la dispersión de sus territorios y la longitud de sus rutas y de sus costas. Se ha censurado en ocasiones el hecho de que no existiese una Armada Real como tal, sino múltiples escuadras con regímenes, financiaciones y objetivos muy dispares. Efectivamente, como se ha afirmado, ni Carlos V ni Felipe II dispusieron de una marina estatal o Real uniforme y sostenida a sus expensas46. Pero ni existía una sola Armada Real ni podía o debía haberla. En la Baja Edad Media sí fue posible que Castilla mantuviese una Armada Real única para combatir en el flanco mediterráneo, que a la sazón era la vertiente realmente conflictiva en esos momentos. Sin embargo, ese simple modelo quedó totalmente superado después de 1492, cuando la defensa Peninsular requería instrumentar tres áreas geopolíticas muy diferentes, a saber: la castellano-cantábrica orientada hacia el norte de Europa, la aragonesa vinculada al mediterráneo y la atlántica orientada a la expansión ultramarina47. Evidentemente estas tres vertientes requerían unos objetivos, unos navíos y unas estrategias particularizadas y muy diferentes entre sí. Además, la mayor parte de las armadas se constituía y se disolvía casi anualmente dependiendo de la presencia o no de corsarios. Y en ocasiones, cuando el peligro era grande se recurría a la llamada hueste naval en la que se movilizaban y armaban cuántos buques fuesen necesarios para afrontar la amenaza48. La financiación fue también muy diversa entre otras cosas porque hubiese resultado imposible financiar la defensa de las tres vertientes con fondos regios. Por ello, queremos insistir en el hecho de que ni era posible tener una o varias Armadas Reales ni tan siquiera recomendable. El mantenimiento de todas las armadas del Imperio hubiese supuesto un coste superior a los dos millones de ducados anuales, cifras verdaderamente astronómicas e inasumibles para la Corona. Queremos dejar muy claro, pues, que Carlos V supo crear el modelo naval que su Imperio necesitaba, financieramente sostenible y lo suficientemente eficaz como para que España continuara dominando los mares durante prácticamente toda la centuria. Por ello, el hijo del César, apodado no por casualidad como el Prudente, mantuvo vigente su modelo, con ligeros retoques. Así, pues, el modelo carolino implicaba el establecimiento de todo 46 CERVERA PERY, José: La estrategia naval del Imperio. Madrid, Ed. San Martín, 1982, p. 180. 47 CEREZO MARTÍNEZ, Ricardo: La proyección marítima de España en la época de los Reyes Católicos. Madrid, Ed. San Martín, 1991, p. 115. 48 PI CORRALES, Magdalena de Pazzis: “La Armada de los Austrias”, en Estudis Nº 27, 2001, p. 25. Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 124-146. ISSN: 0482-5748


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