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Revista de Historia Militar 118

LA RELACIÓN COSTE/EFICACIA EN LA DEFENSA DE LA ESPAÑA IMPERIAL 135 fiscalidad extraordinaria que obligaba a la asamblea flamenca a una mayor contribución, el esfuerzo de Castilla siempre fue muy superior. En el caso de Flandes, la guerra se financiaba con recursos provinciales y extraprovinciales, aunque estos últimos fueron siempre muchísimo más cuantiosos. De ahí que tanto Felipe II como su hijo Felipe III recurrieran de manera endémica al crédito para poder remitir, una y otra vez, las soldadas de los que defendían las fronteras del Imperio86. Tras el paréntesis de la Tregua de los Doce Años (1609-1621) en el que la contribución disminuyó de forma considerable, empezó una escalada bélica que implicó nuevamente la movilización de ingentes recursos. Concretamente, en los críticos años de 1626 a 1642 el Estado de Flandes asumió un subsidio que se movió entre algo más de un millón de florines al principio y más de dos millones y medio de florines al final, con un incremento pues de más del 225 por ciento87. Y lo mismo puede decirse del estado de Artois cuyo subsidio anual ordinario alcanzó los 600.000 florines en 1627 y los 700.000 en 1630, además de financiar el alojamiento de las tropas estacionadas en su territorio88. Ahora bien, incluso en esos momentos de máxima aportación de las provincias obedientes, Castilla siguió sufriendo una auténtica sangría financiera en la defensa de Flandes. Ese desequilibrio financiero que tan caro le costó a Castilla fue lo que trataron de reformar infructuosamente Felipe IV y el Conde Duque de Olivares a finales de la década de 1620, con su proyecto de Unión de Armas . Sin embargo, solo el mantenimiento y dotación de las tres principales fortalezas -Amberes, Cambrai y Gante con más de 10.000 soldados asalariados, íntegramente pagados de recursos extraprovinciales, suponían un esfuerzo económico ingente89. Pero veamos a continuación el coste que tenían las fortalezas y las plazas de militares dispuestas por todo el Imperio, así como la dotación de la Armada Real de Galeras. Se excluyen los gastos de la defensa de los territorios coloniales de América, Asia y Europa. Por eso, entre otros se excluye el costo de los famosos tercios, un cuerpo que resultó clave en la defensa del Imperio en el exterior peninsular90. 86 ESTEBAN ESTRÍNGANA: Ob. Cit. , p. 51. 87 CARRETERO ZAMORA, Juan M.: “Fiscalidad y Guerra: las aportaciones fiscales de los estados de Flandes y Artois durante la Guerra de los Treinta Años (1626-1642)”, en Anuario de Estudios Atlánticos Nº 54-I, 2008, pp. 232-233. 88 Ibídem, pp. 235-236. 89 ESTEBAN ESTRÍNGANA: Ob. Cit. , p. 63. 90 Sobre la revolución que supusieron los tercios en la defensa del Imperio en Europa, véase a QUATREFAGES, R.: La Revolución Militar Moderna. El crisol Español. Madrid, Ministerio de Defensa, 1996. Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 135-146. ISSN: 0482-5748


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