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Revista de Historia Militar 118

LA CRISIS DEL 98 EN CANARIAS. LOS GENERALES MONTERO… 201 grama recibido en capitanía el día 14 de agosto- y posiblemente también las declaraciones del presidente Mac-Kinley. Estas últimas, conocidas en Madrid a fines de julio, descartaban el desembarco o el ataque a las costas canarias o peninsulares, pero al temor se unían los persistentes rumores sobre la posible instalación de una base de aprovisionamiento en Tánger para esos propósitos. En todo caso, la autoridad militar, seguramente, no estaba al corriente de las nuevas complicaciones surgidas -debido al secreto con que se llevaron las gestiones para solucionarlas- que afectaban a en la bahía de Algeciras, medida de precaución ante la eventualidad de un ataque naval en esa zona o en la de Ceuta. Esta iniciativa preocupó a las autoridades británicas por la amenaza que el artillado representaba para Gibraltar, en especial si España se uniese a un enemigo suyo, en caso de conflicto43. Canarias: el contencioso con los británicos por el inicio de obras de fortificación Y esa decisión de cancelar, siquiera parcialmente, la movilización impuesta por el Gobierno en circunstancias excepcionales contravenía lo dispuesto por la orden de 29 de marzo pasado, para movilizar el personal de tropa con licencia en la provincia44. La cuestionada orden de comenzar el repliegue de las fuerzas tinerfeñas debió darla el general a última hora del día 14 de agosto o a primeras del 15. El Gobierno había autorizado la llamada a filas de la segunda reserva el siete de abril -el refuerzo a la provincia se había iniciado a principios de ese mes- y la movilización de las reservas provinciales a finales del mes de marzo. Es fácil entender, y solidarizarse, con la decisión del capitán general porque estaba viendo y conocía las dificultades por las que atravesaba la población en su jurisdicción por la comentada paralización, tras cinco meses de movilización de los reservistas, en una provincia en estado de pobreza que se esforzaba para salir de su marasmo económico. Había razones para adoptar la decisión de suavizar el nivel de alerta y reducir la fuerza movilizada, pero el general debió solicitar su aprobación o -si consideraba que la gravedad de la situación requería esa decisión con urgencia- comunicarla, debidamente justificada, a las autoridades superiores una vez adoptada. Le 43 AHN. Estado, legajo nº 8663, Correspondencia, op. cit., carta de 28 de agosto. «… Recomiendo a V., por supuesto, la más absoluta reserva en una cuestión cuyo conocimiento podría suscitarnos desagradables dificultades en el orden interior». 44 AGMS. Sección 1ª, legajo nº M3885. Comunicación (copia) al capitán general de Canarias: «Dispone la incorporación a sus cuerpos de los individuos de tropa que en esas Islas se encuentren rebajados o con licencia, siempre que no sea por enfermo, y que hasta nueva orden solo por esta causa, debidamente justificada, sea permitido separarse de filas en los referidos cuerpos. De orden lo digo a V.E. para conocimiento y efectos. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid, 29 de marzo de 1898. Correa». Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 201-220. ISSN: 0482-5748


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