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Revista de Historia Militar 118

202 JOSÉ LUIS VEGA ALBA experiencia enseñaba que la lejanía impedía, a veces, que autoridades centrales aprehendieran la realidad en la provincia canaria, al tiempo que facilitaba que ciertas noticias procedentes de ella provocasen alarma, infundada en ocasiones. El incidente pudo resolverse de forma menos drástica, pero el general Montero, posiblemente incómodo con los términos del mensaje enviado por el ministro en el que ordenaba la investigación45, ofreció muy pronto una salida, la más fácil para las autoridades centrales quienes, rápidamente, lo cesaban el 20 de agosto46, y le concedían los dos meses de licencia que había solicitado la víspera, en el mensaje de aceptación de su responsabilidad por lo sucedido47. El día 23 era autorizado a entregar el mando «a quien corresponda» y al siguiente, 24, el 2º jefe, general de división Pérez Galdós, se hacía cargo de la capitanía. El general Montero y Cordero abandonó el archipiélago el 29 de agosto en el vapor Buenos Aires48 . A la vista de lo acaecido, es bastante lógico que el general estuviese disgustado por su brusca y rápida separación del mando de la capitanía en aquellas especiales circunstancias, medida que debió considerar injusta y desproporcionada. Confirma esa percepción en la carta que enviaría, en 1899, al general Polavieja, entonces ministro de Guerra (4 de marzo a 28 de septiembre de 1899), en la que pide que cuando su sucesor en la capitanía -el general Delgado Zulueta, destinado al cuarto militar de la Regente- se le presente, le pregunte «si hubo el menor átomo de razón en mi separación violenta como pocas de Canarias»49. Es obvio el malestar del general y parece evidente que faltaron comunicación y explicaciones oportunas en este delicado asunto, que pudo haberse solucionado de forma no tan desairada para el general Montero, pero se complicó por la «situación de guerra» en las Islas que confería especial 45 Ibídem, 1ª sección, legajo nº M3885. El mensaje alude al considerable número de rebajados, la vulneración de la orden de 29 de marzo sobre movilización, la gravedad del hecho en la situación que existía en la provincia y posibles comentarios poco favorables para los jefes -y a la propia reputación del Ejército- que hubiesen autorizado el hecho objeto de investigación. 46 AIMC. Tenerife. Caja nº 5634, expediente nº 133. Diario Oficial de 20 de agosto de 1898. 47 AGMS. Sección 1ª, legajo nº M3885. Mensaje nº 4605, fechado el 22 de agosto, en el que solicita la licencia. Ibídem, telegrama nº 4191 de fecha 23 de agosto. El mensaje del ministro al capitán general de Madrid le notifica que «Concedido cuartel para esta Corte al teniente general Mariano Montero Cordero, V.E. le concederá licencia de dos meses que solicita para Cádiz, Sevilla y Jerez de la Frontera y que empezará a disfrutar desde luego». 48 AIMC. Tenerife. Caja nº 5644, expediente nº 133. 49 AGMS. Sección 1ª, legajo nº M 3885. Carta al general Polavieja (12 de mayo de 1899). Dice así en su segundo párrafo: «Suplica al amigo que recomiende al ministro que cuando se presente dicho general le pregunte «si conceptúe hubo el menor átomo de razón en mi separación violenta como pocas del mando de Canarias». Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 202-220. ISSN: 0482-5748


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