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Revista de Historia Militar 118

204 JOSÉ LUIS VEGA ALBA ciaciones y aceptar las condiciones impuestas. En ese contexto, el eje Canarias-Estrecho-Baleares había demostrado su valor estratégico por la situación de riesgo latente en ambos lados del Mediterráneo y la de quiebra de su status quo -causa de la aproximación española a la Entente en 1885- y, especialmente, en el Estrecho de Gibraltar, donde colisionaban los intereses británicos y franceses entre sí y con los intereses y apetencias españolas52. Además, esta última adquiría especial valor porque, aparte de otras de menor entidad, era la principal área geoestratégica a que había quedado restringida la antaño extensa estructura territorial de la monarquía, cuyo Gobierno buscaba, desesperadamente, un lugar en el concierto internacional que terminase con su aislamiento y garantizara la integridad de sus dominios de ulteriores redistribuciones, descontadas las previsibles pérdidas derivadas del actual proceso de negociaciones de paz. En el mes de septiembre soplarían nuevos vientos con el manifiesto de Polavieja, un regeneracionista que defendía una remodelación política y una nueva ética civil. En el plano militar, preconizaba la reestructuración del Ejército, tarea ímproba con la llegada de más de ocho mil oficiales que, procedentes de los antiguos dominios, estaban sin colocación en la administración. El día cinco, se reunían las Cortes para, entre otras cuestiones, autorizar la cesión de soberanía implícita en las negociaciones y compartir responsabilidades en ese asunto; y cinco días más tarde, aunque entonces no se supo, se acordaba la cesión a Alemania de los archipiélagos -Mariana (excepto Guam), Palaos y Carolinas- que se rubricaría por Silvela en febrero del año siguiente. Las recién abiertas Cortes tendrían corto recorrido, porque, cumplido ese doloroso trámite, volverían a cerrarse el 15 del mismo mes. Paralelamente, se agudizaba la controversia sobre las obras en la bahía de Algeciras. El general Delgado Zulueta se incorporaba a la capitanía ese día 15. El clima de postración general -mejor, de frustración y sorpresa por lo ocurrido porque pocos debían ser conscientes de la verdadera situación militar- también reinaba en Canarias, sensible a lo acaecido en la isla de Cuba. Persistía, por tanto, la incertidumbre, porque el Gobierno se enfrentaba a un dilema similar al planteado al inicio del conflicto:aceptación de las condiciones de paz impuestas o posible reanudación del conflicto -sin medios navales de entidad-, en el que las Islas Ca52 La convergencia de los intereses de las tres potencias se alcanzaría en los Acuerdos de Cartagena en 1907. Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 204-220. ISSN: 0482-5748


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