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Revista de Historia Militar 118

LA CRISIS DEL 98 EN CANARIAS. LOS GENERALES MONTERO… 205 narias podían ser, en la mente de muchos, un blanco potencial, aunque eran conocidas las declaraciones del presidente Mac-Kinley en las que descartaba esa hipótesis. Esa alarma se incrementaría con la visita de primer ministro Chamberlain a Estados Unidos en septiembre, cuyos comentarios sobre la «redistribución» alimentaban las sospechas de una alianza anglosajona que podría tener implicaciones en la controversia de la bahía de Algeciras53. La nueva autoridad militar de la provincia había ingresado, en largo tiempo en ellas. Pronto giró una visita de inspección a Gran Canaria (Las Palmas) entre el primero -día que se iniciaban las conversaciones en París- y el seis de octubre. Y quince días después de esta fecha, el 21, recibió al primer contingente de las fuerzas canarias que regresaba de la guerra en las Antillas. clase de cadete, en el regimiento Albuera en 1857, unidad bien conocida en las Islas, a la que llegó en marzo de 1827, una novedad que permanecería Su preocupación básica continuaba siendo la seguridad en sentido lato y las obras de defensa, en particular. Las segundas, ligadas al personal necesario para su ejecución y adecuada protección, habían sido motivo de una interpelación al ministro de la Guerra en el Congreso en septiembre. La pregunta -mejor, el comentario- era de este tenor: «ya que se han retirado las fuerzas de Canarias y aquellas fortificaciones recientemente emprendidas se destruirán si S.S. no conserva allí los elementos indispensables para evitarlo, porque no hay siquiera un soldado de artillería por La pregunta parlamentaria reflejaba la cruda realidad tras el repliegue de las fuerzas el pasado agosto que comprometía la continuidad de las obras y la seguridad de la provincia. Y para mejorarla, las cañón y se encuentran en situación deplorable de abandono54». autoridades habían designado -en la temprana fecha de 23 de agosto de 1898, día del cese del general Montero- una comisión técnica, presidida por el general Leandro Delgado, que elaboró un estudio cuyas líneas básicas eran las que se indican a continuación: 53 AHN. Estado, legajo nº 8663, Correspondencia, op. cit., carta de 12 de septiembre. Muestra la preocupación gubernamental por esas declaraciones que parecían abrir la senda hacia la anexión de todo o parte del archipiélago filipino. Citaba en ese párrafo: «… La conveniencia por los Estados Unidos de extender su influencia en el Pacífico asumiendo las responsabilidades que había contraído la república americana por los efectos de la reciente guerra». Estaba en lo cierto, porque el 31 de octubre los norteamericanos explotaban su éxito en la guerra y proponían la anexión del archipiélago. 54 Diario de Sesiones del Congreso (D.S.C.), sesión de 10 septiembre. El ministro respondió: «Claro que estoy dispuesto a que no se pierda el dinero que hemos invertido, no solo en Canarias sino en la Península; claro que hay algunas obras de fortificación que no podemos dejarlas como están, sin perderse lo hecho». Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 205-220. ISSN: 0482-5748


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