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Revista de Historia Militar 118

208 JOSÉ LUIS VEGA ALBA mos que la población acababa de soportar una larga movilización y desconocía la crisis en la bahía de Algeciras- y la provisión de recursos para la defensa. Asimismo, quedaba claro que el sistema de milicias o de la reserva -eliminado el primero, de derecho, en 1886- era inviable en la forma en que estaba diseñado. La representación del agravio a la Corte motivó un informe del capitán general, en el que se oponía a la petición por estimar necesaria la instrucción de los reservistas, máxime en la tensa situación que aún atravesaba la provincia, pieza de interés en el tablero en el que se decidían las negociaciones de paz y, a su estela, la controversia en la bahía de Algeciras. La respuesta gubernamental dio la razón al general, basándose en que «si la organización de las reservas en Canarias era especial por la índole de las mismas y de sus individuos, especial tenía que ser también el reglamento para ellas, y no igual al de las demás en la Península»59. El general Delgado Zulueta mantuvo una postura flexible con la prensa,que defendió las tesis españolas en el conflicto y cuya actividad estaba restringida por la situación de excepción; y reconoció este aspecto positivo de su mando, en el que culminó el largo proceso seguido para llevar la guardia civil a las Islas Canarias, que trataremos después de comentar aspectos de la crisis surgida por la ejecución de obras de fortificación en la bahía de Algeciras60. 4.1.- LA CONTROVERSIA SOBRE LA SEGURIDAD DE GIBRALTAR Aunque tampoco contaba como dato objetivo para la opinión pública peninsular y canaria, agosto incorporaría una nueva dimensión a la controversia británica sobre la bahía de Algeciras. El asunto de las fortificaciones en la bahía de Algeciras había sido motivo de intercambio de notas confidenciales entre los dos gobiernos desde mayo. El ministro de Estado calificaba de «manejo de espantapájaros» su tratamiento en la prensa británica, «sin que las autoridades de este país hubiesen formulado queja alguna hasta entonces»61. El asunto adquiría un tono más serio el 9 de agosto, cuando el embajador británico calificaba la ejecución de las obras de acto poco amistoso, y se quejaba especialmente de las realizadas en Punta Mala y Silla Reina en Sierra Carbonera62. La carta del ministro a su embajador en Londres explicaba la razón de las obras y, expresaba el temor del Gobierno ante 59 GARCÍA y DÍEZ, Manuel: La defensa, op. cit., p. 49. 60 Jable, Ulpgc. La Opinión de Tenerife, de 11-II-1899. Alaba la postura del general con la prensa. 61 AHN, Estado, legajo nº 8663, Correspondencia, op. cit., carta de fecha 6 de junio. 62 Ibídem, carta de fecha 21 de agosto. Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 208-220. ISSN: 0482-5748


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