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Revista de Historia Militar 118

34 ISABEL BUENO BRAVO Fig. 8- Lámina nº 45 del Lienzo de Tlaxcala. Cortés aparece representado comandando los bergantines. Dibujo de Alejandra Rodríguez. Como medida para prevenir el daño que los aztecas hacían a los bergantines y para reforzar la eficacia de los ataques terrestres de las otras divisiones, Cortés decidió cambiar de táctica y repartir las naves entre sus capitanes, cuatro para Alvarado, seis para el de Olid y dos para Sandoval74. Con ello consiguió tener rodeada Tenochtitlan y a partir de ese momento los combates se sucedieron sin tregua, registrándose victorias y pérdidas cuantiosas por ambos lados. Los pocos aliados que permanecían fieles a los aztecas -Xochimilco, Culhuacan, Iztapalapan, Huitzilopochco, Mexicatzinco, Cuitláhuac y Mizquic siguieron defendiéndola y aunque los bergantines hacían mucho daño con la artillería, los indígenas lo reparaban de noche, haciendo baldío el esfuerzo hispanoindígena. Esto obligó a Cortés a cambiar nuevamente su estrategia, ordenando que antes de seguir avanzando consolidaran lo destruido, trabajo del que se encargaron diez mil indígenas75. A los ya numerosos aliados de Cortés se sumó el príncipe Ixtlilxóchitl de Texcoco (fig. 9), que aportó cincuenta mil guerreros más y ocasionó en los aztecas un fuerte impacto emocional, porque las casas reales de Texcoco y Tenochtitlan estaban emparentadas. El propio Cortés dejó constancia de esta circunstancia en una de sus cartas dirigidas al emperador Carlos. 74 Ibídem: pp. 60. 75 CORTÉS, Hernán: op. cit., tercera carta de relación, pp. 161-177. Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 34-42. ISSN: 0482-5748


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