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Revista de Historia Militar 118

36 ISABEL BUENO BRAVO A pesar de todo, los aztecas resistían e intentaban burlar el bloqueo de agua y alimentos al que Cortés tenía sometida la ciudad. En una de estas escaramuzas, el español tuvo la fortuna de hacer unos prisioneros que confesaron los planes aztecas para terminar con la flota española. Gracias a esta valiosa información la armada mexicana fue la que sufrió grandes pérdidas. Aun así, el asedio a la ciudad azteca seguía sin dar el fruto deseado y cuando el ánimo de los españoles flaqueó y algunos de los aliados empezaron a desertar, los pueblos de la laguna, que hasta ese momento resistían la presión hispanoindígena, se pusieron del lado de Cortés. Porque mientras éste se había centrado en Tenochtitlan, los chalcas habían peleado contra estas ciudades ribereñas. Cortés les perdonó la vida a cambio de sus guerreros y sobre todo de sus más de tres mil canoas, que eran mucho más ágiles que los bergantines en la laguna y por los estrechos canales de Tenochtitlan. De esta manera, Cortés pudo maximizar el rendimiento de sus naves que tenían la fuerza de los cañones, pero les faltaba la agilidad que ahora le proporcionaban las miles de canoas78. Al día siguiente, tras oír misa,Cortés dio la orden y la laguna se pobló con las miles de canoas indígenas y los siete bergantines que le quedaban, porque el resto estaban siendo reparados de los daños que habían ocasionado los aztecas. Incluso con la supremacía numérica de Cortés y sus aliados, el primer asalto fue favorable para los aztecas que no solo defendían Tenochtitlan, sino que tenían que dividir sus escasos recursos para luchar en otros frentes contra los tributarios que seguían rebelándose. Cortés recuerda cómo los aztecas celebraron aquella victoria: hacían muchos regocijos de bocinas y atabales, que parecía que se hundía el mundo, y abrieron todas las calles y puentes de agua como antes las tenían, y llegaron a poner sus fuegos y velas de noche a dos tiros de ballesta de nuestro real; y como todos salimos tan desbaratados y heridos y sin armas, había necesidad de descansar y rehacernos79. A pesar de aquel inesperado éxito los últimos aliados aztecas -Matlatzinco, Malinalco y Cuiscon- también se rindieron al español, quien además recibía con regularidad pólvora y ballestas desde la costa. A Cortés ya solo le quedaba esperar a que la ciudad claudicara porque, como bien sabía,los aztecas no tenían en toda la tierra quien los pudiese socorrer, ni tenían de dónde haber maíz, ni carne, ni frutas, ni agua ni otra cosa de mantenimiento80. 78 DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal: op. cit., 2 vols., II, cap. CLI, p. 73. 79 CORTÉS, Hernán: op. cit., tercera carta de relación, p. 172. 80 Ibídem: p. 176. Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 36-42. ISSN: 0482-5748


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