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Revista de Historia Militar 118

82 RAFAEL GONZÁLEZ-MORO VELA Artículo 3º Prevenimos bajo las mismas penas, no casen ningún soldado, de Infantería, Caballería y Dragones sobre algún pretexto que sea, sin una licencia por escrito y en buena forma, firmada del Capitán, y del Comandante del Regimiento. Artículo 4º.- Prohibimos a todo soldado infante, caballo ligero o dragón de casarse sin la referida licencia por escrito y en la forma arriba referida. Y cuando alguno contraviniere a la presente ordenanza, declaramos que por ella pierda su antigüedad en la Compañía, y que sea obligado a servir toda su vida aún en caso que se haya empeñado en el servicio por tiempo limitado. Artículo 5º.- Habiendo reconocido el inconveniente de que los Curas y Párrocos de los lugares pasan a casar Oficiales y Soldados sin que precedan los consentimientos y licencias de los Jefes superiores, lo cual es contrario a la establecido en las presentes ordenanzas, hemos mandado escribir cartas a todos los Obispos para que apliquen la debida providencia a este abuso. Y declaramos que al Oficial que se casase sin licencia se haya de quitar inmediatamente el empleo, y a los soldados que ejecutaren lo mismo se dé algún castigo arbitrario al Oficial Comandante, demás de que queda expresado, por su inobediencia en no haber pedido la licencia de sus Jefes.” En 19 de enero de 1742 Felipe V aprobó un decreto, volviendo a reiterar la prohibición de casamientos del libro segundo, título diez y siete de las ordenanzas. En el decreto, explícitamente, indicaba los perjuicios que causaba el matrimonio de sus Oficiales y Soldados: “Los grandes perjuicios, que me ha asegurado la experiencia resultan contra mi Servicio, y Causa pública, de permitir que los Oficiales y Soldados de mis Tropas se casen, en especial de Coronel abajo, pues la asistencia de sus sueldos escasamente les produce lo suficiente para mantener su decencia, sin la carga del matrimonio, que precisamente los acobarda, y obliga a vivir con indecencia, ellos y sus familias. El infeliz y mísero estado a que, en falta de sus maridos, quedan reducidas las mujeres, gravando mi Real Erario, ya con pensiones para su subsistencia, ya para la de sus hijos, con empleos; y otras justas, bien premeditadas reflexiones han estimulado ni Real ánimo a discurrir los medios de evitar los expresados perjuicios y desórdenes…y debo con entera seguridad de conciencia, separar de mi servicio a los Subalternos que solicitaren licencia para casarse, y aún extender esta providencia Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 82-110. ISSN: 0482-5748


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