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Revista de Historia Militar 118

EL MATRIMONIO DE LOS MILITARES 89 ya que era inseparable por naturaleza, pues la honra y el tesoro de la inocencia no se compran, ofreció en carta, que original conservo del 5 de julio del año pasado de 1857, dar por vía de dote a la suplicante la suma de mil pesos cuando se casase. Más, porque Excmo. Sr., hacer depender de una condición innecesaria el cumplimiento de una obligación tan sagrada que le impone la ley pura y simplemente, y que él mismo sin ningún género de apremio se impuso atendiendo a la Voz de la conciencia. También me ofreció en cartas, que puede ver V.E., pasarme la pensión alimenticia de 25 pesos mensuales para mí y la niña, esto lo cumplió hasta el mes de diciembre, en enero la redujo a solo 10 pesos y hace dos meses que no pasa nada. En tan lamentable circunstancia no he vacilado en echarme a los pies de V.E. suplicándole rendidamente que se haga llamar a D. José Morillo y sea como superior, sea como amigo y celoso del buen nombre del mismo interponer su alto valimiento y benéfica autoridad que le constituye así como carácter personal en padre del huérfano y protector del desvalido, para que el Capitán D. José Morillo cumpla lo que ha ofrecido como Caballero y como Cristiano sin hacer depender de una condición remota lo que es de rigurosa obligación. Esta gracia espero de V.E. pues sé que él le está muy recomendado y que la desgracia e indigencia son recomendaciones al noble y benigno Corazón de V.E. Guanavacoa y 22 de mayo de 1860. Excmo. Sr. Leonor Vilela.” Carlos III con motivo de los frecuentes recursos que le llegaban contra “Ofi ciales del Ejército que olvidados del honor y decoro propio, se empeñan indebidamente con mujeres de todas clases, dándolas palabra de casamiento, la cual reclaman después las interesadas solicitando el Real permiso, u orden para efectuar el casamiento, pretextando para ello casos de honor, conciencia y otras graves causas”, dispuso por Real Orden de 28 de Septiembre de 1774, reiterada en 1775 y 1788 que: “toda demanda contra ofi cial del Ejército y armada se ventile y decida en justicia ante su respectivo Juez eclesiástico, pero que resultando legítima la obligación y declarada como tal en aquel Juzgado, sea el Ofi cial compelido a cumplirla, y depuesto inmediatamente para siempre de su empleo.” Para las clases de Tropa, verificada la obligación de casarse, continuarían en el servicio los que no estuvieren empeñados tiempo determinado, Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 89-110. ISSN: 0482-5748


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