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Revista de Historia Militar 118

EL MATRIMONIO DE LOS MILITARES 95 miserias, de graves faltas, y aún de delitos absolutamente incompatibles con el honor militar, y que ponen a los Tribunales de justicia y a los Tribunales de honor en el duro trance de expulsar del Ejército o de imponer unas severas penas a Oficiales que siempre habían sido buenos y honrados, pero que no tuvieron energía suficiente para soportar la pobreza y de un modo insensible van enredándose en traidoras redes, hasta llegar al envilecimiento. La acción tutelar del Estado debe precaver tamaños males, destruyendo en beneficio propio y de los particulares, la causa próxima de aquellos. Para buscar el equilibrio necesario entre los ingresos y los gastos hay que aumentar los primeros o disminuir los segundos. En la actual situación no es posible pensar en aumentar los sueldos de los militares de tal modo que en todas las jerarquías de la milicia basten para sostener decorosamente una familia; y por consiguiente no hay más remedio que poner fuertes trabas a la libertad de crear una familia sin recursos para atenderla, y con la seguridad por consiguiente de hacerla desgraciada. Aplicado el sueldo del Oficial a cubrir exclusivamente sus gastos personales es suficiente para el objeto y le permite vivir decorosamente. Lo que urge es evitar que de un modo prematuro se contraigan obligaciones y se tengan necesidades superiores a los medios de que se dispone para satisfacerlas. En el estado de nuestras costumbres puede asegurarse que una familia de clase social en que está obligado a alternar el Oficial del Ejército, necesita para vivir sin grandes apuros pecuniarios, una renta de cinco mil pesetas anuales, y como este es el sueldo que disfrutan los Comandantes, no debería permitirse a los militares contraer matrimonio hasta obtener este empleo. Pero tal medida sería demasiado radical y ocasionaría en la práctica gravísimos inconvenientes, porque con la paralización que sufren las escalas a consecuencia del exceso de oficialidad, la mayor parte de los militares llegan al empleo de Comandante a una edad demasiado avanzada para poder crear una familia sana y vigorosa y el término medio de la longevidad no permite abrigar la esperanza de que llegue a criar y educar a sus hijos quien se casa tan tardíamente. Por eso nos parece preferible autorizar el matrimonio de los Oficiales que teniendo el empleo de Capitán acrediten que poseen ellos o sus prometidas mujeres, una renta que sumada al sueldo del Oficial alcance la cifra mínima de cinco mil pesetas. De este modo se consigue que los Ofi- Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp. 95-110. ISSN: 0482-5748


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