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MEMORIAL CABALLERIA 81

Historia y Patrimonio HISTORIA este modo el empleo de soldados «europeos». Es preciso tener en cuenta los buenos resultados que las tropas indígenas estaban dando a otras potencias europeas (askaris alemanes, spahis, zuavos y tirailleurs franceses en África o gurkas británicos en la India). En 1911 ya existían en la zona espa-ñola tres mías (compañías) de Policía Indígena7, pero su progresivo empleo como fuerza combatiente había desvirtuado su misión original, impidiéndole cumplir sus cometidos de mantenimiento del orden interno y recogida de información en las cabilas. Consciente de ello, el ministro de la Guerra Agustín Luque firmó el 30 de junio de 1911 la Real Orden Circular (ROC) de creación de las Fuer-zas Regulares Indígenas, unidad dependiente de la Capitanía General de Melilla y compuesta por un batallón de infantería a cuatro compañías y un escuadrón de caballería. Debía estar mandada por un teniente coronel de Infantería o Caballería, siendo elegido para el puesto Dámaso Berenguer. Todo ello quedó reflejado en la citada ROC, que muy significativamente se publicó en el mismo Diario Oficial que las bases para la nueva ley de reclutamiento y reemplazo del Ejército, finalmente aprobada al año siguiente: «Los brillantes y positivos resultados obtenidos por otras naciones mediante la organización y empleo de estas tropas … aconsejan perseverar con firmeza … en el paulatino desarrollo de estas fuerzas …, creando nuevas unidades que puedan, por su organización, constituir la base y, en su día, la parte principal del Ejército de nuestras posesiones y territorios ocupados por nuestras tropas en el continente africano»8. El inicio del reclutamiento fue difícil, porque al inconveniente de ser una unidad nueva de la que los indígenas nunca habían oído hablar se unía la escasez de personal de confianza disponible, al no existir grandes núcleos de población en la zona española y coincidir con la captación de per-sonal que ya realizaba la Policía Indígena para sí misma, seleccionando a los mejores9. Ante esta situación se procedió a reclutar personal en las zonas francesas de Argelia y el sur de Alcazarquivir, de los Tabores de Policía Xerifianos, de las harkas del sultán e incluso desertores de las mehalas francesas. Los soldados que formaban las fuerzas regulares y las milicias jalifianas se definían como nativos del Protectorado, no siendo de nacionalidad española, y siempre hubo una ambigua situa-ción socio-política de estos contingentes en relación con su filiación administrativa, ya que eran soldados profesionales al servicio de España reclutados con el beneplácito del sultán de Marruecos. A los indígenas que se alistaban en las Fuerzas Regulares se les hacía un documento según el cual, conforme al artículo 6 de la ROC, podían servir indistintamente en Ceuta, Melilla o donde fuera necesario. El tiempo por el que se efectuaba el primer compromiso era de libre elección para el alistado, siendo normalmente de uno, tres o cuatro años. Una vez cumplido, la mayoría solicitaba servir un año más, ya que el premio por el reenganche era de 600 pesetas (aproximadamente el sueldo de un año), finalizado el cual se firmaba un compromiso por tiempo indefinido. Si el indígena deseaba marcharse, se le expedía un documento de licencia y era libre de irse sin mayor trámite10. El primer acuartelamiento de las Fuerzas Regulares fue el Fuerte de la Purísima Concepción o Sidi Guariach. Berenguer estableció que cuadros de mando y tropa conviviesen en los mismos ba-rracones para que unos y otros ganaran en confianza y los oficiales europeos se familiarizaran con los usos y costumbres de la tropa indígena que debían mandar en combate. Asimismo solicitó per-miso para elegir personalmente a sus oficiales de entre la avalancha de voluntarios que solicitaron el ingreso. Cuando le fue concedido seleccionó a oficiales con los que ya había trabajado, jóvenes y 7  Esta unidad era sucesora de los primitivos Tabores de Policía Xerifiana Internacional creados en 1907 en virtud de la Conferencia de Algeciras. Aunque tiene algunos errores en datos concretos, para tener una idea general sobre todas las fuerzas organizadas con personal indígena en el Protectorado, véase Sotto Montes, Joaquín de (1973): «Notas para la historia de las Fuerzas indígenas del antiguo Protectorado de España en Marruecos», Revista de Historia Militar 35, pp. 117-177. 8  Diario Oficial del Ministerio de la Guerra (DOMG) núm. 142 (1 de julio de 1911). 9  Jiménez, J. M.; García del Río, J. (2006): Fuerzas Regulares Indígenas: De Melilla a Tetuán (1911–1914). Tiempos de ilusión y gloria. Madrid, Almena ediciones, pp. 53-54. 10  Ídem, pp. 56-57. 104 Memorial de Caballería, n.º 81 - Junio 2016


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