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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

110 CARLOS JOSÉ HERNANDO SÁNCHEZ tentó seguir maniobrando para eludir las reiteradas órdenes regias de volver a España. En ese doble contexto, castellano y napolitano –o, si se quiere, español e italiano- la visita de Fernando señaló el máximo enfrentamiento con quien hasta entonces había sido oficialmente su alter nos. Aquella vi-sita supondría el acto central del drama político escenificado desde hacía años entre el monarca y el conquistador de Nápoles. El Gran Capitán in-tentó utilizar su extensa clientela entre las facciones locales e intervino en el parlamento del reino, reunido en presencia del soberano a principios de 1507, para apoyar las demandas regnícolas como un barón más. Con ello no hizo sino acrecentar el encono del rey que, con su característica disimu-lación, lo nombró duque de Sessa y Gran Condestable del reino con el fin de compensar su destitución como virrey. Gracias a sus nuevos títulos, Gonzalo acumuló territorios en las más estratégicas fronteras del Reino. Al Sur, el ducado de Terranova era el úni-co estado feudal que llegaba del Tirreno al Jónico, atravesando la Calabria inferior y proporcionando así un enclave crucial para controlar cualquier incursión desde la cercana Sicilia, como las protagonizadas por el propio Gonzalo en dos ocasiones. Al Norte, el ducado de Sessa, próximo al Gare-llano –escenario mayor de su gloria-, se erigía en las cercanías de la frontera pontificia y custodiaba el flanco más expuesto del reino a invasiones como las sufridas por parte francesa en 1494 y 1501. A ese control territorial se sumaba un oficio como el de Condestable Mayor, que confería la máxima autoridad militar del reino después del soberano o de su representante. Sin embargo, esas prerrogativas, que parecían atestiguar la confianza regia en su lealtad, se verían devaluadas por el obligado alejamiento de su beneficiario. Sin otra alternativa que volver a Castilla tras el séquito real, Gonzalo tuvo que conformarse con la promesa, nunca cumplida, de recibir el Maestrazgo de la orden de Santiago, uno de los oficios más prestigiosos y lucrativos233. Los continuos festejos que jalonaron la estancia del monarca pretendie-ron reflejar el nuevo orden político representado por la sustitución del Gran Capitán234. Cuando finalmente Fernando embarcó para España en marzo de 1507, Gonzalo se entretuvo unos días para despedirse de sus numerosos partidarios. Su salida de la capital estuvo a la altura de su trayectoria y con-firmó, una vez más, la fuerza de los vínculos anudados con una sociedad que se mostró más entusiasta con él de cuanto lo había sido con el soberano, lo que no pasó desapercibido a los agentes diplomáticos235. Uno de ellos señaló 233 Vid. Hernando Sánchez, Carlos José, “El Gran Capitán y los inicios del virreinato de Ná-poles…”. 234 ASMo, Ambasciatori, Napoli, busta 7. 235 ASMa, AG, Napoli, busta 808, f. 236. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 45-114. ISSN: 0482-5748


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