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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

112 CARLOS JOSÉ HERNANDO SÁNCHEZ última de esas tentaciones que lo llamaban a erigirse en un poder autónomo también en la escena internacional –como bien sabía el Rey Católico- pro-cedía de la prioridad de un interés de casa, reforzado por su condición de se-gundón capaz de labrar con sus propios méritos un nuevo patrimonio hasta erigirse en cabeza de una de las principales facciones aristocráticas en Cas-tilla. En Italia cundirían los rumores sobre las maniobras del Gran Capitán para volver a tomar las riendas del reino de Nápoles. A principios de 1508 se avivaron las expectativas de un retorno de Gonzalo al reino que había con-quistado y donde él mismo escribía “che spera de tornare qua, cum honore et beneficio suo, et de tutti li servj avia…”, mientras que otros informes procla-maban su designación como gobernador ante la probable marcha del infante Fernando, nieto menor del Rey Católico, para asumir la corona napolitana como consecuencia de las nuevas negociaciones entabladas con el monarca francés y Maximiliano de Austria241. En abril de 1508 –coincidiendo con las tratativas secretas entabladas por Gonzalo con el embajador veneciano en Valladolid-, el agente de los Gonzaga en la capital partenopea llegó a infor-mar que Gonzalo había huido de España242. Otros rumores afirmaban que marcharía al frente de la casa del príncipe Carlos en Flandes –como le había propuesto Carvajal- o que sería ascendido a los máximos honores en Castilla tras su reconciliación con el monarca aragonés243, aunque en realidad ésta fuera cada vez más difícil por el creciente protagonismo del Gran Capitán en la facción aristocrática descontenta244. En 1512, como vimos, la derrota española en Ravenna pareció brin-dar otra oportunidad para el regreso de Gonzalo al escenario italiano, que era, además de militar, esencialmente político. Pero ese episodio volvió a poner de manifiesto también en Nápoles que la razón militar cedía ante la razón política, tendente a la reorganización del reino partenopeo bajo el mando de virreyes vinculados a la casa real y súbditos de la Corona de Aragón, como Cardona, responsable del desastre de Ravena y, sin em-bargo, mantenido en su oficio de gobierno245. Después de aquel enésimo desengaño y a pesar de sus declaraciones de lealtad a Fernando como su legítimo señor natural, Gonzalo siguió persiguiendo la gloria y alimen-tando la desconfianza del monarca hasta su muerte en Granada. Nunca dejaría de intentar regresar a Italia para ser allí grande al modo de un barón napolitano o un condottiero, aunque no como un rey, según insinuarían 241 ASMa, AG, Napoli, busta 808, f. 303. 242 ASMa, AG, Napoli, busta 808. 243 ASMa, AG, Napoli, busta 808, f. 275. 244 ASMa, AG, Napoli, busta 808, f. 277. 245 Vid. Hernando Sánchez, Carlos José, El reino de Nápoles…, pp. 162-208. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 45-114. ISSN: 0482-5748


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