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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

118 JOSÉ MANUEL MOLLÁ AYUSO porcionaba una potencia de choque que resultaba imposible de detener para aquellos débiles cuadros de infantería, aunque ya empiezan a aparecer las unidades suizas y luego las alemanas de los lansquenetes, con las mismas ordenanzas, capaces de presentar resistencia. El armamento de esa infantería, basada en las picas que impiden el con-tacto de los caballos con ellas, se completa con espadas, alabardas, ballestas y los incipientes arcabuces. Los soldados e protegen con cascos, cotas de pecho, corazas, brigantinas (escamas metálicas sobre una fuerte tela), escu-dos y rodelas (escudos pequeños y redondos) La artillería, sin movilidad pues debe ser transportada por bueyes, y poca capacidad aún para derribar murallas, se emplea para los sitios, pero no para el combate a campo abierto a donde casi nunca llegan a tiempo. Ade-más es de una complejidad enorme, necesitando trenes de acompañamiento con gastadores, que allanen los caminos, pedreros, fundidores, mezcladores de pólvora, carpinteros, carreteros, aguadores, herreros, acemileros… Ante los avances en la potencia de la artillería y el cada vez más común uso de minas subterráneas y de los explosivos, los arquitectos militares empiezan a diseñar castillos de murallas más bajas y más gruesas, con un amplio foso y el bastión como elemento dominante del conjunto. Los ingenieros se emplean para facilitar los movimientos, especialmente de la artillería, y para el manejo, cada vez más importante, de los explosivos. En la guerra de los 100 años, que en realidad fueron 116 hasta 1453, ya se pudo apreciar, aunque pasó desapercibido por la victoria gala, la impor-tancia del armamento que disparaba a distancia como el arco y la ballesta. Pero se pensó que era algo típico inglés y no aplicable a otras naciones. 2.- Cómo se forma D. Gonzalo Segundón de la Casa de Aguilar, el primogénito es su hermano D. Alon-so, y huérfano desde temprana edad se cría en Córdoba, donde su maestro D. Diego Cárcamo, le inculcará los valores de la virtud, la magnanimidad, que tanto le caracterizará, y la búsqueda de la gloria. Entre las dos opciones que se le presentan, el ejército o la iglesia, pronto elige la carrera de las armas, sirviendo en Segovia como paje del heredero de la corona castellana D. Alfonso y a la prematura muerte de este continuará adiestrándose en el manejo de las armas en la corte de Isabel y Fernando. Pero será ya en la tercera guerra civil contra los portugueses que apoyan, a la muerte del rey Enrique IV, la causa de Juana la Beltraneja contra Isabel, Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 115-142. ISSN: 0482-5748


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