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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

122 JOSÉ MANUEL MOLLÁ AYUSO En este dibujo, de entrañable valor por ser de la época, aunque algo retocado, de la obra de Salazar, soldado con el Gran Capitán que llegó a ser capitán, se puede comprobar el detalle al que se descendía en la situación de cada uno de los miembros de la unidad. Y veamos cuáles eran los “Principios Tácticos” y los “Procedimientos”4 que aplicará, y para ello recurriremos al propio líder que, con certeras y be-llas palabras, nos los describe. Un principio general, fruto de su prudencia es que “lo que al enemigo aprovecha a vos os daña y lo que a vos aprovecha al enemigo daña”. Hay que mantener siempre alta la moral de tus hombres y, en cualquier caso, conocer a la perfección como está, hasta el punto de afirmar “no trai-gas jamás tus guerreros a dar la batalla si primero no estás seguro de sus corazones y conocido que están sin temor y que están ordenados…” “Libertad de acción”: “el Gran Capitán no pelea a la voluntad del ene-migo sino cuando es su voluntad o se le ofrece bastante ocasión para ello” porque “el buen capitán no viene jamás a dar la batalla si la necesidad no le apremia o la ocasión no le llama” Así, por ejemplo, no aceptará el reto del duque de Nemours de salir de Barletta a combatir, algo no habitual en la época.. Será muy partidario de mantener fuertes reservas que le permitan, en el momento oportuno, cambiar el centro de gravedad de la acción porque “me-jor es en el orden de la batalla reservar más ayuda tras la primera frente que, por hacer fuerte la vanguardia, enflaquecer el resto” Planeamiento: las acciones tácticas deberán estudiarse con detenimiento para tomar decisiones bien fundamentadas, en las que también deben influir, los medios de que se dispone, las circunstancias del momento, el adiestra-miento de las tropas, el terreno y el tiempo atmosférico, entre otros. Y pesará mucho el enemigo, por lo que será de gran importancia la labor de “inteli-gencia” que proporcione informaciones precisas sobre él, porque “difícil es vencer el capitán que sabe conocer sus fuerzas y las de sus enemigos”. Esas decisiones, basadas en profundas reflexiones, siempre exentas de impulsos del corazón, como norma deben mantenerse, porque “en la batalla o en la pelea no hagáis que una escuadra haga otra cosa, de la que primero habéis ordenado, si no queréis hacer desorden, salvo en un trance muy conocido, ventajoso o necesitado”. Ya que “a los accidentes repentinos con dificultad se da remedio, y a los pensados con facilidad”. Es el famoso, orden, con-traorden, desorden. Excepto como ya anuncia, y aquí entra la genialidad de 4 Todas las expresiones, sobre los principios y procedimientos, atribuidas a D. Gonzalo, proce-den del ya referenciado Tratado de Re Militari. Libro séptimo. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 115-142. ISSN: 0482-5748


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