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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

126 JOSÉ MANUEL MOLLÁ AYUSO sin perder de vista que el tema napolitano es propio de la Casa de Aragón, es decir de la familia, más que de la propia corona. Sin que los 300 caballos y los 2.000 infantes del ejército de D. Gon-zalo, tengan que enfrentarse a los franceses, estos se retiran, al formarse, entre Venecia, Milán, los españoles y con el apoyo del papa y del emperador Maximiliano, una Liga, como respuesta a los desmanes de los soldados fran-ceses y ante el despótico gobierno que se ha impuesto. Eso sí, el rey francés deja en Calabria 10.000 hombres al mando de un buen soldado, el señor D´Aubigny. Y con él empiezan los enfrentamientos durante unas semanas en que, al más puro estilo granadino, mediante golpes de mano, embosca-das, con el empleo primordialmente de la noche, consigue algunas victorias locales que hace que los franceses se encierren en sus castillos, hasta que el joven e impetuoso rey Ferrante, decide contra la opinión de Fernández de Córdoba, enfrentarse a D’Aubigny, que le viene retando en su marcha desde la Basilicata y pregonando la cobardía del rey y eso es mucho más de lo que un caballero del medievo podía soportar. Aunque la derrota, la primera y única en que participa D. Gonzalo, se atenúa mucho gracias a su pericia, con las sucesivas cargas de la caballería española y con la resistencia de sus ordenados cuadros, la consecuencia más importante es la decisión que el montillano toma de nunca más combatir así. Desde ahora él tomará las decisiones. Una enfermedad del francés le da el tiempo que necesita para mejorar el adiestramiento de sus tropas, incidir en la disciplina, organizar el relevo de ballesteros por arcabuceros, y practicar con su nueva artillería a lomo. Con el refuerzo en hombres recibido, ya cuenta con 1.200 hombres de armas, 1.500 caballos ligeros y 4.000 infantes, ya puede iniciar una nueva y bri-llante campaña de guerrillas, que mantiene perplejo al general francés que no sabe cómo reaccionar ante unas tropas que aparecen y desaparecen como por arte de magia y que tiene a los suyos en continuo estado de alerta. Como quiera que los suizos al servicio de Francia no hubieran cobrado sus pagas y se negaban a combatir, algo normal en la época, los franceses deben encerrarse en Atella, para reorganizarse. Son 7.000, mantienen preso al cabeza de la familia Orsini, Virginio, y están cercados por los napolitanos, que piden ayuda a D. Gonzalo. Este lo solucionará con los suyos teniendo a los napolitanos como espectadores. Estudió la situación, como habitualmente hacía, con sus capitanes: fuera de la plaza unas avanzadillas de suizos daban seguridad a unos molinos que garantizaban la harina y el agua a la ciudad. Con sus impecables cuadros or-ganizó ataques de su infantería, cuadro contra cuadro, en los que sus enrode-lados harán autenticas carnicerías entre los suizos, a la vez que un excelente Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 115-142. ISSN: 0482-5748


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