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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

128 JOSÉ MANUEL MOLLÁ AYUSO Establecido el cerco, como siempre D. Gonzalo les ofrece una rendición honrosa que naturalmente es rechazada porque temían más al sultán que a los propios españoles. Después de 50 días de asedio, con asaltos sin tregua, carentes de alimentos y en condiciones muy penosas aparecen la indisciplina y los motines, que D. Gonzalo tiene que solucionar con su habitual maestría. La llegada de dos barcos, previsoramente mandados a Sicilia, cargados de víveres y pertrechos, permite tranquilizar la situación y planificar lo que será el asalto final: para debilitar a los sitiados, los mantiene toda la noche en vela, mediante descargas sistemáticas de bombardas y arcabuces, seguidas de conatos de asalto. Por la mañana, el Gran Capitán arenga a sus tropas, recordándoles quiénes son, y ataca la fortaleza por dos puntos, para en pleno equilibrio de la lucha, romperlo mediante el ataque de varias capitanías de reserva, por un tercer punto usando torres de madera. En aquella Nochebuena, sobre los cadáveres de los terribles jenízaros, ondeaban las banderas de la cristiandad, a la vez que la noticia daba la vuelta al mundo, significando el freno al expansionismo turco. Sorprende también que con los franceses ya en Italia, D. Fernando, lan-ce sus tropas contra el turco, lo que refuerza la tesis de que el escenario italiano era secundario, aunque también hay que considerar que el rey fuera más “Católico” que rey, con doña Isabel, de Castilla y Aragón. Al regreso de la victoria sobre el turco, D. Gonzalo desembarca en Si-cilia y lanza un importante contingente para reforzar Nicastro, ya que des-de el verano anterior, se encuentran en Italia, como hemos dicho, 24.000 franceses, con 58 piezas de aquella la mejor artillería de Europa. Están al mando del señor D´Aubigny, que vuelve al escenario de sus peleas con los españoles, pero que ahora debe supeditarse al joven virrey de 24 años, Luis D´Armagnac, duque de Nemours. La misión del ejército español es de simple vigilancia de las nuevas fronteras marcadas por el Tratado de Granada, firmado entre Francia y los Reyes Católicos, al margen del rey de Nápoles y que de una manera delibe-radamente confusa, pues no cita determinadas provincias, reparte Nápoles, dejando el norte para los franceses y el sur para los españoles. Mientras los políticos hablan de paz y del reparto, los soldados conti-núan en guerra, pues muchas plazas desobedecen y no se entregan. En febrero de 1501, el Gran capitán es nombrado “Lugarteniente gene-ral en Sicilia y Calabria”, lo que significa mucho en su carrera. Con un ejército reducido de 300 hombres de armas, 300 jinetes ligeros y 3.800 infantes, y con la esperanza de los refuerzos pedidos a la gran Casa Colonna, D. Gonzalo inicia la marcha hacia el norte, alcanzando la victoria en la toma de fortalezas como Cosenza o Roca Imperiale. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 115-142. ISSN: 0482-5748


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