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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

DEL GRAN CAPITÁN A LOS TERCIOS: LA HERENCIA DE GONZALO ... 153 bles y prelados, manteniendo una limitada presencia –pero esencial– los que podríamos designar como profesionales, ya fueran los jinetes y contingentes de la Casa Real, como las pocas compañías de especialistas y mercenarios encargados fundamentalmente de la artillería y las armas de fuego portáti-les33. Los métodos de guerra de la Reconquista eran limitados, y sólo podían mantener importantes contingentes de tropas por poco tiempo –unos pocos meses–, sólo durante la campaña militar estival, si bien en la mayoría de los casos el mantenimiento de las tropas no era financiado por el rey. Pero para combatir en Italia se necesitaban soldados profesionales, ya que no se podía exigir a las milicias, o a las huestes señoriales, su participación en la contienda, por lo que para cada campaña se debió contar con profesionales, primando la calidad frente a la cantidad. Los conflictos con Francia de la primera mitad del siglo enseñaron a los monarcas españoles que necesitaban de continuar con esa política, ante la necesidad de defender Italia de la ambición de los Valois franceses. Para ello consideraron vital mantener varios cuerpos profesionales repartidos por la Italia española, que si bien no eran excesivamente numerosos, por su prepa-ración eran esenciales para vertebrar la defensa de esos territorios. A partir de 1535 la corona mantenía en cada uno de sus tres principales dominios italianos –Sicilia, Nápoles y Milán– un ejército permanente con unos 3.000 infantes españoles y algunas compañías de caballos34. Con esta presencia permanente de infantería española, la Monarquía Hispánica trataba de man-tener su influencia sobre Italia y protegía sus territorios de cualquier ataque por parte de Francia o los turcos, convirtiéndose estos Tercios en la clave de la organización militar defensiva de los Austrias. Estas guarniciones espa-ñolas en Italia, conocidas con el nombre de presidios, eran una reserva de soldados bien entrenados y hasta la rebelión de los Países Bajos la espina dorsal del ejército español. Unos soldados de élite que serán desplazados para actuar en todos los conflictos ante su profesionalidad y veteranía35. La decisión española sobre de mantener una infantería profesional con carácter autóctono, contrasta, por ejemplo, con las políticas favorecidas por los monarcas franceses, quienes preferían mantener a sus súbditos alejados de la profesión de las armas, con excepción de la nobleza. Durante la pri- 33 Ladero Quesada, Miguel Ángel: Castilla y la conquista…, op. cit., pp. 105-164; y Milicia y economía en la Guerra de Granada: El cerco de Baza. Universidad de Valladolid, Valladolid, 1965, pp. 37-57. 34 Parker, Geoffrey: La gran estrategia de Felipe II. Alianza, Madrid, 1998, p. 155. 35 Ribot García, Luis: “Las Provincias Italianas y la defensa de la Monarquía”, en Manuscrits, nº13, 1995, pp. 97-122. Parker, Geoffrey: El ejército de Flandes y el Camino Español 1567- 1659, Madrid, 1991, pp. 69-71. Belloso Martín, Carlos: La antemuralla de la monarquía: Los tercios españoles en el reino de Sicilia en el siglo XVI. Ministerio de Defensa, Madrid, 2010. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 143-188. ISSN: 0482-5748


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