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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

DEL GRAN CAPITÁN A LOS TERCIOS: LA HERENCIA DE GONZALO ... 159 rable, por lo que, a pesar de que a partir de comienzos de la nueva centuria las ballestas decrecieron, el número de espingardas –antecesoras de los ar-cabuces– aumentó considerablemente. El arma de infantería, para finalizar su puesta a punto, comenzó a recibir instrucción para combatir en orden cerrado, tanto en unidades sueltas como junto al resto del ejército, para ha-bituarse a su nuevo contexto. Durante la primera expedición napolitana (1495-1498), Gonzalo Fer-nández de Córdoba contó con 5.000 peones, entre los que se encontraban numerosos veteranos de la Guerra de Granada, pero que todavía no estaban totalmente armados y entrenados en las tácticas modernas, ya que servían fundamentalmente con lanzas, espadas, escudos, ballestas y espingardas54. Tras sufrir la derrota de Seminara (21 junio 1495), probablemente por com-batir según la manera italiana –al actuar bajo la autoridad de Ferrante II, rey de Nápoles–,el Gran Capitán pudo poner en práctica las tácticas que había aprendido durante su experiencia granadina, y la suerte pasó a estar de su lado. Con un pequeño ejército de 2.500 hombres, entre ellos 100 hombres de armas y 400 jinetes ligeros, comenzó a desarrollar tácticas de guerrilla, enfrentamientos de baja intensidad o golpes de mano, con la intención de minar al ejército francés55. Gonzalo Fernández de Córdoba disponía a sus tropas en orden abierto y hacia suya la ventaja que le prestaba el terreno, por lo que obligaba a combatir al enemigo donde él quería y bajo los tempos que más le favorecían56. Desde el punto de vista táctico, en el cuerpo a cuerpo, los peones espa-ñoles armados con dardos, espadas y escudos –que en la época llegaron a ser comparados con los legionarios romanos–, fueron claramente superiores a los piqueros suizos, las mejores tropas de la época para derrotar a la caballería pesada, pero incapaces de enfrentarse a un oponente que prefería luchar en orden abierto, apoyado por una importante potencia de fuego. Era como si un titán quisiera acabar a golpes con un enjambre de avispas, antes de que pu-diera asestar el primer golpe, aquellas ya habían desaparecido para concentrar su ataque en otro lugar. Así ocurrió durante el asedio de Atella (julio 1496), cuando los infantes escudados hispánicos destruyeron un cuadro de piqueros suizos, hostigándoles continuamente hasta lograr romper su cohesión57. 54 Quatrefages, René: La revolución…, op. cit., pp. 83-84. 55 Ibídem, p. 121. 56 Ladero Quesada, Miguel Ángel: “Fuerzas navales y terrestres de los Reyes Católicos en la primera guerra de Nápoles (1494-1497)”, en Revista de Historia Naval, nº100, 2008, pp. 11- 57; Ladero Quesada, Miguel Ángel: Ejércitos y armadas…, op. cit., pp. 351-399. 57 Iglesia, Eugenio de la: Estudios históricos-militares sobre las campañas del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdova, Madrid, 1871, pp. 71-72; Barbasán Lagueruela, Casto: op. cit., pp. 103-104. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 143-188. ISSN: 0482-5748


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