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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

162 ANTONIO JOSÉ RODRÍGUEZ - EDUARDO DE MESA te no se tiene en cuenta, es la obtención del grado de capitán por un sujeto no privilegiado. Este ascenso en el escalafón iba asociado con la consideración de hidalguía66. El cambio de consideración social era un premio interesado, ante la preferencia de que los soldados no estuvieran mandados por hombres de sangre inferior, algo que podría provocar tensiones o enfrentamientos en el seno de una compañía. Los mandos militares intentaban así que las uni-dades militares fueran un fiel reflejo de la sociedad, y que la cúspide de las mismas estuviera en manos de sujetos privilegiados, los mismos que contro-laban los ayuntamientos, copaban las regidurías y conformaban la elite so-cial de cualquier municipio. A su vez, durante el siglo XVI –y en menor me-dida durante el siglo XVII–, este sistema premiaba a los soldados de fortuna que tras unos largos y destacados servicios podían aspirar a un merecido ascenso social, convirtiéndose el ejército en un verdadero aliviadero social y en una oportunidad para muchos. En esta época algunos conocidos milita-res de origen muy humilde, como Julián Romero, alcanzaron altas cotas de poder en la jerarquía militar y protagonizaron un notable ascenso social67. 2.2. El predomino de la potencia de fuego Las armas de fuego portátiles habían hecho su aparición especialmente en Italia. Allí, especialmente a partir de la década de 1430, había crecido el número de pequeños grupos de especialistas equipados con esta clase de armas, apareciendo en las décadas siguientes compañías de schioppettieri en los ejércitos milaneses y venecianos, generalizándose su uso en toda Italia tras la paz de Lodi (1454), introduciendo incluso el ejército papal una com-pañía de este tipo. Ya a finales del siglo XV la infantería de algunos estados italianos –como la de Milán– empezaba a prescindir de la mayor parte de las ballestas en favor de las armas de fuego, apareciendo el arcabuz, mucho más refinado y sofisticado, ya que disponía de un disparador, lo que mejoró su eficacia. Era un arma fácil de usar, a lo que se sumaba que se trataba de un artefacto que era más sencillo y barato de producir, especialmente su muni-ción, lo que hizo que progresivamente se impusiera a la ballesta. A pesar de que las armas de fuego estaban ganándose un puesto en los ejércitos euro-peos, las compañías de tiradores eran muy limitadas, prefiriéndose su uso en la defensa de las fortificaciones, algo que especialmente se podía ver en los ejércitos de los estados italianos. En ellos la caballería seguía siendo el arma 66 Lo mismo ocurría en el ejército francés, Doyle, William: Venality. The sale if offices in Eighteenth-Century France. Clarendon, Oxford, 1996, p. 80. 67 Marichalar Rodríguez, Antonio: Julián Romero. Espasa-Calpe, Madrid, 1952. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 143-188. ISSN: 0482-5748


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