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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

164 ANTONIO JOSÉ RODRÍGUEZ - EDUARDO DE MESA de las dos armas –la pica y la espingarda– iban a ser suficientes como para aniquilar al ejército enemigo, algo que todavía no se había conseguido. De todas formas, la fama del soldado español empezaba a fraguarse gracias a la pólvora71. Gracias al Gran Capitán, las armas de fuego portátiles habían demos-trado ser enormemente útiles, por lo que su precoz uso en las formaciones de infantería ayudó a los españoles a hacerse con innumerables victorias en las guerras de Italia. De hecho, la palabra Bicoca, cuya definición en caste-llano es la de ganga, viene de una batalla de igual nombre librada en Italia contra los franceses en 1522, donde los españoles cosecharon una aplastan-te victoria a cambio de pocas bajas. En la batalla de Pavía (1525) el gran número de armas de fuego que llevaban los españoles –y la mayor pericia de sus tiradores– sería determinante en la victoria. Por aquel entonces las compañías de infantería españolas tenían a más de una tercera parte de sus hombres armados con arcabuces y escopetas –una versión más primitiva de éste–, importancia de las armas de fuego que se transmitió posteriormente a los Tercios. Además, estos hombres eran los más selectos de las compa-ñías, y cobraban mejores sueldos en compensación por su especialización, la munición y el gasto en pólvora72. En cambio los lansquenetes alemanes y la infantería francesa, si bien habían introducido el uso de armas de fuego junto a sus formaciones de picas, el número de sus tiradores era mucho más limitado73. Las primeras armas de fuego portátiles empezaron a aparecer en el ejér-cito español en la Guerra de Granada, en la que lucharon unas pocas com-pañías de espingarderos74. Pero estos artilugios eran sencillos, poco más que un palo con un cañón de hierro, al igual que su sucesor la escopeta. La verdadera revolución surgirá a comienzos del siglo XVI con la aparición del arcabuz y su rápida difusión. Un arma mucho más sofisticada que in-corporaba un mecanismo de llave para la ignición de la pólvora, por lo que era más manejable, además de que con el se podía apuntar mejor. Su origen y su nombre son inciertos, habiendo distintas teorías, algunas de las cuales le relacionan con Italia o el mundo árabe, pero lo más verosímil es que el 71 Sobre la batalla: Barbasán Lagueruela, Casto: op. cit., pp. 169-178; Pieri, Piero: Il Rinasci-mento e la crisi militare italiana.Einaudi, Turín, 1952, pp. 408-416; y “Consalvo di Cordova e le origine del moderno esercito spagnolo”, en Boscolo, Alberto et al. (eds.): Fernando “el Católico” e Italia. Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1954, pp. 207-225; Quatrefa-ges, René: La revolución…, op. cit., pp. 154-157. 72 Sobre su evolución: Quatrefages, René: La revolución…, op. cit., pp. 305 y ss. 73 Potter, David: War and government in the French provinces. Picardy 1470-1560. Cambridge University Press, Cambridge, 1993, p. 175. 74 Ladero Quesada, Miguel Ángel: “Baja Edad Media”, op. cit., pp. 268 y ss. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 143-188. ISSN: 0482-5748


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