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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

170 ANTONIO JOSÉ RODRÍGUEZ - EDUARDO DE MESA En campo abierto, las armas de fuego siempre estaban junto a los pique-ros, para poder refugiarse tras ellos en caso de apuro. Si bien en los primeros tiempos los veteranos solían mofarse de las primitivas armas de fuego, di-ciendo que sólo servían para asustar, haciendo más ruido que otra cosa, éstos claramente se equivocaban, ya que un arcabuz en unas manos diestras era un arma digna a tener en cuenta94. Sin duda alguna las guerras del siglo XVI estuvieron marcadas por los éxitos de la arcabucería española, ya que sería España la primera nación en introducir el uso masivo de armas de fuego en los campos de batalla, y desde el Gran capitán buena parte de los triunfos es-pañoles se deben a esta arma. El arcabucero se convirtió en el principal ele-mento ofensivo del Tercio. Distribuido en el combate en mangas, con gran movilidad hacía fuego sobre el enemigo y podía refugiarse en el interior del escuadrón de picas ante cualquier ataque, especialmente de la caballería, ya que la escasa cadencia de tiro no les permitía hacerla frente, ya que a lo sumo un arcabucero podía efectuar un sólo disparo antes de que una carga de caballería se le echara encima95. Los arcabuceros eran soldados poliva-lentes, muy útiles para la clase de combates que practicaban los españoles. Eran esenciales en los golpes de mano y asaltos, ante su alta movilidad, ya que su armamento defensivo se había aligerado hasta quedar reducido a un morrión que les cubría la cabeza. El arcabucero se convirtió en el prototipo de soldado de los Tercios del siglo XVI, ya que incluso algunos teóricos se hacen eco de que todos querían servir en esos puestos, ya que los hombres iban menos sobrecargados, por lo que eran mucho más versátiles y móviles, teniendo muchas más opciones de participar en golpes de mano y saqueos96. Durante el reinado de Felipe II la proporción entre picas y armas de fuego continuaría cambiando a favor de las armas de fuego, y a la altura de 1594 se indicaba que las nuevas compañías que se reclutaban en Castilla para Italia debían contar con 125 picas, 100 arcabuces y 25 mosquetes97. Las ordenanzas de 1598 volverían sobre el tema determinando que una compa-ñía de 250 soldados debía tener 130 piqueros, 100 arcabuceros y 20 mosque-teros98, mientras que las ordenanzas de 1603 establecían que la mitad de las compañías –fijadas en 100 hombres para los Tercios que servían fuera de la península– estarían compuestas por piqueros, y la otra mitad por tiradores, 94 Scarión, Bartolomé: op. cit., p.92. 95 Eguiluz, Martín de: op. cit., pp. 190-191. 96 Mesa Gallego, Eduardo de: La Pacificación de Flandes. Spínola y las campañas de Frisia (1604-1609). Ministerio de Defensa, Madrid, 2009, pp. 196-199. 97 AGS, G, leg. 127. Carta del rey a Don Juan de Acuña Vela, capitán general de la Artillería, 1594. 98 Ordenanzas Militares, San Lorenzo, 8/8/1598, en: García Hernán, Enrique: Milicia general en la edad moderna. El batallón de Don Rafael de la Barreda y Figueroa. Ministerio de Defensa, Madrid, 2003, p. 271. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 143-188. ISSN: 0482-5748


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