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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

180 ANTONIO JOSÉ RODRÍGUEZ - EDUARDO DE MESA uno o dos jinetes por cada 10 infantes –proporción que ya venía de la época del Gran Capitán–, hasta los 7 infantes por jinete, pasando la cifra a finales del siglo XVII a 5 infantes por cada montado, o incluso menos135. La caba-llería ganó importancia y aumentó de tamaño, abaratándose su equipo para poder ser utilizada en mayor número, siendo en su mayoría caballos cora-zas, que ahora no llevaban una coraza completa, sino simplemente un peto y su espaldar, una celada borgoñota y como mucho alguna otra protección adicional en las extremidades136, refundiéndose casi todas las compañías de arcabuceros en compañías de corazas, introduciéndose también las ca-rabinas dentro del equipo habitual de la caballería137. Incluso las Guardas de Castilla introdujeron pistolas en su armamento a partir de 1633, signo evidente del cambio138. Desde tiempos del Gran capitán y las Guerras de Italia la caballería de la monarquía en el exterior, estando formada por soldados de multiples na-cionalidades, siendo las compañías –con pie, u organización– de españoles muy pocas. En Flandes la caballería del ejército también se componía de italianos, borgoñones, valones y alemanes. Desde el siglo XVI la caballería estaba organizada en compañías, que podían reunir hasta 100 jinetes, aun-que generalmente tenían menos. Las compañías estaban al mando de sus capitanes, pero salvo la caballería alemana, el resto de las naciones no se encuadraban en regimientos, Tercios o cualquier instancia de mando supe-rior. Este sistema tenía su lógica en el siglo XVI cuando había pocos jinetes, pero con el tiempo el método se convertiría en un problema difícil de sol-ventar, ante las complicaciones organizativas y de mando. Los capitanes de caballos no querían estar supeditados a otros, lo que hacía que las unidades carecieran de la coordinación necesaria, problema que se mostraría capital en alguna de las derrotas más significativas de España. Todavía en tiempos del Cardenal Infante la caballería del Ejército de Flandes –reforzada por algunos regimientos veteranos alemanes provenien-tes del ejército imperial y gracias a algunos contingentes de calidad traí-dos por el Camino Español– fue capaz de dar excelentes resultados en la primera fase de la Guerra Franco-Española (1635-1659)139. Pero en Rocroi ya quedaban pocos de esos veteranos, y la caballería española se demostró inferior a la francesa, que desde hacía algunos años se organizaba en forma 135 Los datos en, Rodríguez Hernández, Antonio José: Los Tambores…, op. cit., pp. 24-26. 136 AGS, E, leg. 2056 f. 101. Carta de don Fernando Ruíz de Contreras, Madrid, 6/5/1641. 137 AGS, E, leg. 4155. Junta de prevenciones del ejército, 14/5/1635. 138 Real Cédula, 11/7/1633. Portugués, Joseph Antonio: op. cit., Tomo I, pp. 128-130. 139 Maffi, Davide: En defensa del Imperio. Los ejércitos de Felipe IV y la guerra por la hege-monía europea (1635-1659). Actas, Madrid, 2014, pp. 204-212. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 143-188. ISSN: 0482-5748


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