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206 GUISEPPE RAGO Y Ferrucci, al igual que Marchesi, a partir de los trabajos en la capilla de María Brancaccio junto a la iglesia de la Anunciación, tenía que aparecer después del cambio de régimen, la consolidación de las nuevas disposi-ciones, y la muerte de Benedetto da Maiano (del que ya había heredado la obra de la capilla del Battesimo en la catedral de Pistoia), el heraldo de la continuidad respecto a la tradición de las capillas de mármol que miraban a la Florencia de los Médicis. Por otra parte, en los contratos de colocación de los lados de mármol de dicha capilla, se hace referencia explícita a los mo-delos de las capillas Piccolomini y de Tolosa di Monte Oliveto que eran la máxima representación de la tradición aragonesa más característica49. Tam-bién en el ámbito de la escultura se confirma la continuidad, elemento clave de la estrategia de mecenazgo de Gonzalo. Figura 6.- Andrea di Pietro Ferrucci, San Giovanni Battista en el Sepulcro de Giovan Battista Cicaro, detalle. Nápoles, iglesia de los santos Severino y Sossio Pero, en lo referente a la capilla de San Giacomo y a la relación con el com-plejo conventual al que pertenece, la fachada externa menor, uniforme y sin molduras, frente a la fachada principal y a la escalinata de acceso a la iglesia, parece haber sido manipulada con incrustaciones de nueva piedra, en concreto, de traquita. Resulta probable que, en sus orígenes, estuviese decorada con mol-duras, a menos que, desde un principio, dicho lado no fuese homogéneo al estar escondido por un pórtico o atrio con arcadas sobre columnas y que, partiendo justamente de dicho lado de la capilla, se conectara con la manzana frente al 49  R. Naldi, Andrea… cit., 2002, p. 19. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 189-214. ISSN: 0482-5748


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