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RHM_extra3_2015_500 años Gran Capitán

26 ANTONIO CABEZA RODRÍGUEZ e costumbres”; que el virrey nombrado para convocar Cortes y jurar al rey ausente fuera Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, da idea de la adecuación de las distintas ramas del linaje a la nueva configuración política. Y en cuanto a la diversidad institucional de la Corona de Aragón (que incluía además los reinos de Valencia, Mallorca y el condado de Bar-celona), amparada por un tradicional pactismo, fue respetada por los reyes, que representaron el elemento común a todos los reinos y territorios, con la aprobación mayoritaria de los súbditos. La realidad política que empezaba a ser España se comprueba en la ad-quisición por conquista de los territorios italianos (estudiado ampliamente en este número monográfico), que si bien se efectuó con dinero y tropas castellanas dirigidas por el Gran Capitán, los reyes decidieron incorporarlos a la Corona de Aragón a la que habían pertenecido. Otro ejemplo interesante son las Canarias, que estaban ya integradas en la Corona de Castilla desde la expedición de Juan de Bethencourt en 140241. Incentivada la conquista por los intereses mercantiles de los puertos atlánticos desde finales del siglo XIV, no llegó a completarse hasta la intervención directa de los monarcas en plena guerra civil, en fuerte disputa con Portugal que renunció a cualquier derecho por los tratados de paz de Alcaçovas-Toledo del año 1479. Como “reyes de la Gran Canaria con todas sus islas” se titularán desde 1485 Isabel y Fernando. Ciertamente la ampliación de la Monarquía se hizo por medios violentos, acudiendo a la guerra, pero “de acuerdo con las circunstancias más que en respuesta a un programa previo”, en opinión de M. Artola, que concluye: “Las tropas que emplearon en sus campañas fueron castellanas, aunque la unidad de la Monarquía hizo que se viesen como españolas y el destino político delas tierras conquistadas se ajustó a criterios geográficos”42. Esto cabe aplicarlo enteramente al descubrimiento y conquista de América, incorporada por bulas apostólicas a los reinos de Castilla y León, pero cuyos recursos atendieron a la política establecida para el conjunto. En paralelo corrió el proceso de nacionalización, “no fue nacionaliza-ción de Castilla –que nunca fue una nación, como ningún otro reino penin-sular, menos aún sus partes–, sino de España. Precisamente la asociación de esos reinos al proyecto originario es lo que hará posible la constitución de la nación española”43. Que Isabel y Fernando no adoptaran por prudencia el título de “reyes de España” no impidió que actuaran como tales y que en consecuencia así se les denominase, y con mayor frecuencia desde otros 41 Iglesias, Carmen: No siempre lo peor es cierto, op. cit., p. 106. 42 Artola, Miguel: La Monarquía de España, Alianza, Madrid, 1999, pp. 259-260. 43 Marías, Julián: España inteligible, op. cit., p. 152. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2015, pp. 13-44. ISSN: 0482-5748


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